books floor

Parece que el conocimiento también es bilingüe

No lo había notado, pero todo el conocimiento que tengo en mi cabeza está segmentado por idiomas.

Es decir, hay conceptos que sé en inglés, y cosas que sé en español.

Todo comenzó cuando me di cuenta de que, por un lado, me cuesta mucho trabajo hablar en español de algunos temas, y no se me ocurre ni pensar sobre otros más que en inglés.

Cuando por alguna razón tengo que hablar en español de algo que aprendí en inglés, debo buscar las traducciones de las palabras en diccionarios, no puedo simplemente hablar de lo mismo en mi lengua materna, pues es como si ese conocimiento no existiera antes del inglés. Como si fueran dos diferentes compartimientos de información que no son tan compatibles entre sí.

No sé cómo explicarlo; es una cosa muy rara de la que nunca había leído o escuchado. ¿Tú sí?

London, Southbank, books

Por ejemplo:

Si me pides que hable en español sobre literatura, lo puedo hacer sin problemas, pero si tuviera que hablar de eso en inglés me costaría mucho trabajo. Esto es normal, porque mis clases de literatura eran con hispanohablantes. Nos pasa a todos.

Pero si tengo que hablar en español sobre cómo “leer” los medios de comuncación, un concepto que aprendí solamente en inglés, siento (como en este momento) que me faltan palabras, que la traducción me está haciendo malas jugadas y que nadie entiende de qué estoy hablando. (MEDIA LITERACY, dammit!).

Ahhh, qué alivio.

Por eso casi nunca puedo hablar fluidamente cuando explico algo de este (y muchos otros) temas, lo cual resulta completa y absolutamente desesperante.

Hace poco estaba leyendo un capítulo de un libro de psicología en el que se hablaba del concepto de “imagen corporal”, algo que aprendí por primera vez en una excelente página, Beauty Redefined, en inglés.

El libro que digo estaba originalmente en inglés, pero yo leía la traducción al español. No solo sentía que no entendía nada porque me distraía con los términos, sino que era como si las palabras en español relativas a eso no pudieran entrar a mi memoria.

Es como si mi cerebro dijera:

¡Ahh, estamos hablando de body image! ¡Entonces cuando dice X, habla de body shame, y cuando el autor escribe de Y, está hablando de self-objectification!

Y tengo que hacer un gran esfuerzo por aprenderme las palabras en español. Si no me da tiempo de prepararme porque el tema salió en una conversación, por decir algo, me veo a mí misma intentando traducir como puedo (como escribí cuando hablé sobre el bilingüismo).

Pero no soy muy buena encontrando lo que necesito en mis [bases de datos en español de conocimiento sobre el mundo] porque están vacías de esos conceptos. Supe de ellos por primera vez en inglés.

Otras palabras que aprendí a usar primero en inglés y luego intenté traducir al español (a veces inventando traducciones y a veces usando algunas que no se oyen tan bien, o que nadie diría en mi dialecto del español

take action —> *tomar acción —> actuar
overwhelmed —> abrumado —> agobiado
ultimate —> último —> definitivo
eventually —> eventualmente (que significa otra cosa) —> a la larga
approach —> acercamiento —> enfoque
stuck —> atorado —> estancado
misguided —> *malguiado —> mal informado
objectification —> *objetificación —> cosificación
disorder —> desorden —> trastorno
admittedly —> *admitidamente —> en verdad
persistent —> persistente —> perseverante

…y decenas más que no recuerdo en este momento.

Si me esmero, poco a poco comienzo a encontrar las palabras adecuadas en español, sobre todo si pongo atención en cómo hablan los hispanohablantes alrededor de mí y les copio. También se podría arreglar leyendo textos en español sobre los mismos temas, no traducciones.

Pero, a decir verdad, llega un momento en que ya no me preocupa. Ya sé que mi cerebro tiene un lío en su interior, ya sé que siempre va a ser frustrante intentar hablar de corrido, y ya sé que me gusta demasiado leer en inglés, por lo que quizá esto nunca me deje de pasar.

¿Tu conocimiento del mundo también está segmentado en tu cerebro con respecto a la lengua en la que lo adquiriste? Cuéntamelo todo en los comentarios.

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Foto de simon thomas

roads

Muchas pasiones, una sola vida

He hablado sobre los Scanners, personas con muchos intereses y caminos, aquí, aquí y aquí.

Hoy retomo el tema por dos razones:

1) Ya van varias personas que me escriben, por alguna razón, preguntándome cosas como:

“Soy bueno para demasiadas cosas, no sé cuál es ‘la buena’, ¿cómo puedo encontrar mi verdadera vocación?”

o:

“Al principio me apasionaban demasiado los idiomas, pero ahora lo único que quiero hacer es leer sobre [caballos] ¿Qué me pasó? ¿Qué estoy haciendo mal?”

Les respondo que no tiene nada de malo eso, y les explico por qué, pero es mejor tener una entrada (esta) para mandarles un link, en lugar de repetir todo varias veces.

Y 2) Puttylike, el maravilloso blog que me introdujo a la idea de que no tengo que dedicarme a una sola cosa, cumple 4 años, por lo que la autora, Emilie, hizo una Puttyfiesta para que los multipotentialites invadamos las redes sociales y podamos compartir con quienes piensan que somos “indecisos” o que “le tememos al compromiso” que tener muchos intereses no solo es algo bueno, sino que no podemos ser de otra forma.

Roads At Night: It's Picking Up

Así, heme aquí explicando una vez más este concepto:

Al extremo de un continuum, están los especialistas, personas que no se ven haciendo otra cosa diferente a lo que ya encontraron (la literatura mexicana del XIX, la oftalmología, el piano).

En el otro extremo, los Scanners, a quienes les puedes causar un ataque de pánico si les sugieres que tienen que dedicarse a una sola cosa durante el resto de su existencia, pues durante su vida han querido dedicarse a 19 carreras distintas, han empezado 36.4 proyectos y han tenido 271 ideas sobre temas no relacionados entre sí.

Vivimos en una cultura que espera de nosotros que seamos especialistas. En realidad, es tan loable querer dedicarse a una sola cosa o a muchas, pero desde muy temprana edad nos preguntan a qué nos vamos a dedicar, y se espera que “seamos los mejores” en ello, lo cual implica que intentar aprender sobre otros temas es una pérdida de tiempo, una distracción.

Los Scanners podríamos ser especialistas si no fuera porque, después de que hallamos aquello que estábamos buscando, las cosas nos empiezan a aburrir. Incluso si de verdad creíamos que a eso nos íbamos a dedicar, que habíamos hallado nuestra pasión en la vida.

A veces nos tardamos una semana o 7 años en entender cómo funciona algo, o en dominar una habilidad, pero cuando sentimos que hemos obtenido aquello que queríamos, simplemente nos deja de interesar y vamos en búsqueda de otra cosa que nos pueda dar esa satisfacción.

Lo que buscamos, en general, es la sensación de que estamos aprendiendo, y no nos importa tanto de dónde la sacamos, sino que lo hacemos (de la misma manera en la que a una abeja no le importa de qué flor obtiene el néctar, mientras lo pueda extraer).

Esto no tiene nada de malo, pero ignorar que ir de interés en interés es algo normal para algunos de nosotros hace que pensemos que tenemos un problema por no poder seguir en un solo camino, y ocasiona que nos sintamos mal cuando la gente que no nos entiende dice cosas como:

“No, pues se nota que sí sabes lo que quieres, ¿eh?” o “Cuando madures vas a poder decidirte por algo, ya verás” o “‘El que mucho abarca poco aprieta’, mejor intenta profundizar en algo”.

Pero es imposible elegir ese “algo”.

TODOS nuestros intereses nos gustan como para dedicarnos a ellos. Y todos nos asustan porque sabemos que nos pueden aburrir en el momento en el que menos lo esperemos.

Muchas veces, tanto la incomprensión de la sociedad, nuestra falta de conciencia de que así somos, y la gran cantidad de intereses que tenemos, hace que nos paralicemos y no podamos elegir ni siquiera en qué dedicar la hora libre que nos quedó hoy en la tarde. Acabamos en Pinterest durante horas, o viendo reality shows en la televisión.

Sin embargo, la gran capacidad que tenemos los Scanners para aprender sobre cosas no relacionadas nos hace ser muy buenos para encontrar conexiones novedosas entre ellas.

Muchos descubrimientos científicos e innovaciones tecnológicas se han llevado a cabo así, pues se puede ser experto en algo sin ser especialista.

Scanners famosos:

Leonardo Da Vinci, Isaac Asimov, Benjamin Franklin, Steve Jobs, Sor Juana Inés de la Cruz, Alain de Botton, Eleanor Roosevelt, Noam Chomsky, Maya Angelou. (De acuerdo con mis observaciones cuidadosas de la realidad, muchos Scanners tienden a ser políglotas y muchos políglotas suelen ser Scanners. No todos, claro está, pero muchos sí.)

Por eso es una tragedia que haya miles de Scanners estancados por falta de autoconocimiento, o porque se sienten mal por no poder “concentrarse en una sola cosa”, y por eso es que estoy escribiendo sobre esto y pidiéndote un par de cosas:

Si te identificaste con lo que leíste aquí, comparte esta entrada con las personas cercanas a ti.

Si no te identificaste, pero pensaste en alguien al leerlo, dale el enlace a este texto. Le vas a quitar un gran peso de encima. 

Y, sobre todo, independientemente de si eres especialista o Scanner (o algo en medio como los “Especialistas seriales”), lo más importante es que dejes de lado la idea de que no ser como tú es malo o feo.

Cuando los Scanners se dan cuenta de que no están perdidos, sino que solo han sido incomprendidos, tienden a declararle la guerra a todo lo que huela a especialista.

Sin embargo, el mundo sería un peor lugar si sólo hubiera Scanners, o si solo hubiera especialistas. Hay mucho mérito en apreciar las virtudes y bondades de ambas formas de relacionarse con el conocimiento.

Tres)

Ahora que lo pienso, una tercera razón por la que escribo esto es porque no he encontrado recursos en español de y para Scanners.

Los que he encontrado están en inglés, como el mejor libro sobre el tema, Refuse to Choose!, de Barbara Sher, o The Renaissance Soul, de Margaret Lobenstine, que también es bastante bueno. Y, claro está, Puttylike.com.

Así, al participar en la Puttyfiesta* también estoy poniendo un mensaje en una botella para que otros Scanners hispanohablantes me encuentren y podamos crear una comunidad de Scanners, (o formar parte de una ya existente que aún no conozco).

*Ya sé que “fest” no se traduce como “fiesta”,
pero me gusta cómo suena.

En fin

Para ya no hacer más larga esta entrada—aunque podría hablar de esto durante días enteros—solo quiero decir que, a pesar de que muchas personas siguen haciendo (por ignorancia) comentarios que lastiman, me siento orgullosa de saber y decir en voz alta que soy Scanner, porque sé que eso hace que muchas personas que me leen / escuchan se dejen de sentir mal consigo mismas.

Solo por eso ya vale la pena.

En general, mi vida ha sido—y seguirá siendo—increíblemente rica gracias a ser Scanner, por lo que no lo cambiaría ni siquiera por la mejor especialidad del mundo.

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Foto de Bart

good morning

Dos mil catorce en retrospectiva 2/3

Como para el año pasado fue todo un éxito, para 2014 también dividiré el recuento del año en tres partes. 1 – abril, 2 – agosto y 3- diciembre. 

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A principios de año, la vida me costaba bastante más trabajo de lo que me cuesta ahora. No porque se haya hecho más fácil, sino porque—aunque ha sido todo menos sencill—yo me he estado volviendo más [fuerte].

Desde mayo hasta ahora (septiembre) he hecho tantas cosas que el tiempo se ha pasado extremadamente rápido (aunque se supone que debe ser al revés: entre más cosas nuevas haces, los minutos y los días se sienten más largos).

Pero más que tachar elementos de mi lista de cosas por hacer, lo que me pasó es que mi identidad fue cambiando, además de que rompí muchas barreras que sí sabía que existían en mí, pero que no tenía idea de cómo atravesar, ni mucho menos de cómo se sentiría pasar al otro lado.

Good Morning!

Eso sucedió más o menos así:

Mayo – Self-confidence

Como puedes recordar si lees la parte uno de esta serie de entradas, en abril empecé a sentir mucha ansiedad por una serie de cambios externos que se comenzaron a dar en mi vida. La mejor manera en la que puedo describir lo que sentía es como estar nerviosa para un examen MUY importante, pero sin saber cuándo iba a ser, o qué tenía que estudiar.

No sé, horrible.

Lo único que tenía más o menos claro es que esa sensación venía de que no me sentía capaz de hacer muchas cosas, de que no confiaba en mí misma: mis habilidades, mi fortaleza, mi resiliencia; mi salud, incluso.

Por lo tanto, para mayo me propuse poner atención en eso, e intentar conseguir logros para que mi mente pudiera comenzar a confiar en mis capacidades.

En teoría, sonaba bien, pero en la práctica fue muy pesado. A veces hacia algo que me costaba trabajo (como ir a cambiar un cheque al banco, algo que detesto hacer) y en lugar de sentir la alegría del logro, sentía mucha angustia.

Cosas así.

Pero independientemente de eso, en el mes hubo algunos momentos realmente maravillosos, de esos que te hacen decir: mira, la vida es una cosa bonita. 

Por otro lado, acabé de redactar todas las partes de mi tesis, y disfruté esa sensación de libertad (aunque solo seré libre realmente cuando me titule).

Sin embargo, seguí escribiendo mucho (journaling) en torno a eso y si bien no terminé confiando plenamente en mí misma—puesto que, evidentemente, todo esto se trata de algo mucho más profundo—me sentí mejor, y decidí pedir ayuda.

Tener la valentía para pedir ayuda y recibirla justo en la manera como la necesitaba fue lo mejor del (difícil) mes entero.

Junio – Operación P.I.C.N.I.C.

Muchos de los cambios que se fueron dando desde abril han dado paso a que, sorprendentemente, me sienta más como yo misma. Se han ido quitando capas de [cosas] ajenas que fui adaptando a mi forma de ser o de ver el mundo como para protegerme, para poder funcionar lo mejor posible dadas determinadas circunstancias pasadas.

Así, una de las cosas que empecé a retomar (después de como 4 años sin hacerlo) fue escuchar música y leer novelas.

Sé que es difícil creer que no escuchaba música, pero de verdad no lo hacía. No, yo tampoco entiendo cómo sobrevivía.

Así, le volví a meter música a mi iPod, y me di a la complicadísima (para mí) tarea de encontrar novelas que me gustaran. (Hallé dos, y las leí con un placer infinito.)

Tengo mucha música en alemán que no había oído con la suficiente atención, pero poco a poco me iba obsesionando con algunas canciones, iba sacando las letras, incluso traduciéndolas. Surgió de nuevo en mí un interés muy fuerte por esa lengua, que me llevó a hacer un par de cosas locas de las que ya te contaré en entradas siguientes.

Por otro lado, a inicio de año había pensado que junio sería una buena fecha para acercarme más a la naturaleza, pero cuando llegó el mes decidí que sería mejor asignarme la Op. P.I.C.N.I.C., = Permiso Infinito de Calma, Naturaleza, Inmovilidad y Cese (de actividades).

Así, terminé yendo a parques, caminando bajo la lluvia con mis botas a prueba de agua (felicidad) y disfrutando el permiso de no hacer nada si no quería durante varias horas al día (y hasta de darme cuenta de que me gustaba el futbol).

Muchos días fueron muy difíciles porque una persona que adoro se fue de viaje a un lugar muy lejano (además de que me enfermé), pero logré sobrevivir y llegar a la segunda mitad del año:

Julio – [Belleza]

Me he dado cuenta de que tengo mucha sed de belleza. Cada vez es menos, pero sigue siendo real y casi tangible. Aunque este mes ya no quise ponerme ninguna Operación / meta, julio terminó siendo sobre buscar belleza y cosas bellas.

Creé una cuenta en Instagram, y empecé a seguir a mucha gente creativa que hace cosas que me parecen bonitas, y poco a poco fui saciando—en parte—mi sed de belleza.

Al mismo tiempo, me sentí bastante sola porque no tenía presente que la gente a la que más frecuento sale de viaje por ser época de vacaciones. Ya lo anoté.

Como en general el mundo estaba en “onda vacacional”, me costó muchísimo trabajo concentrarme para trabajar o para hacer cosas de mi tesis. Asimismo, el que la facultad estuviera cerrada me dio un buen pretexto para no preocuparme por los trámites y esas cosas horribles que estaban por venir. :P

Sin embargo, en general fue un mes en el que llevé a cabo un par de aterradores proyectos solo porque quería hacerlos (eso fue nuevo). Por otro lado, aprendí mucho sobre vivir en el presente (parece que uno nunca lo termina de dominar) y, además, mi ansiedad de principios de año ya se había ido en un 85%. Ahhh.

Agosto – Operación Focus + Trámites

Agosto se me fue demasiado rápido porque el hecho de que la facultad abriera de nuevo sus puertas me dio el empujón que necesitaba para ir a hacer mil y un trámites con el fin de poderme titular.

A inicios de agosto no me veía capaz de ir a hacer trámites. Quería vomitar nada más de pensar que yo iba a tener que dar decenas de vueltas, buscando firmas y pidiéndole a algunos profesores que leyeran mi tesis… ese tipo de cosas.

El que comenzara la Segunda Temporada de la Liga me ayudó muchísimo (siempre funciona como por arte de magia).

Algo también extremadamente útil: logré cambiar el enfoque.

Ya no era Yo vs. los trámites que nunca salen a la primera, sino Yo + aplaudir el esfuerzo tan grande que estoy haciendo por llevarlos a cabo.

De ahí la Op. Focus = enfocarse en el esfuerzo, no en el resultado, que muchas veces es “fallido” (que a esa hoja le falta una firma, que debía traer otros papeles, que la copia era de las dos páginas, no de solo una).

Hasta lo convertí en un juego en el que me daba puntos de experiencia / esfuerzo (sí, como en Duolingo) por cada paso que lograba dar. Si algo había sido lo más dificil del mundo, ganaba +10, y si algo me había sido fácil, me ponía +2 (nunca cero, porque se trata de darme reconocimiento). Funcionó muchísimo para quitarle la pesadez, por lo que pude seguir con eso.

Después de una semana, hacer trámites se había convertido en otra actividad más de mi vida. Nunca agradable, nunca sin causar insomnio, pero al menos ya no se sentía como al inicio, es decir, como se sentiría caminar descalza sobre una alfombra de vidrios rotos.

Dicen que uno no está en forma para hacer muchas cosas hasta después de que las hizo, y esto de [intentar] titularse definitivamente no es la excepción. Es imposible prepararse de antemano, pero una vez que lo haces, estás listo para llevarlo a cabo.

Todavía me falta mucho por hacer, pero me siento bastante más capaz. Ya casi no tengo ansiedad, ya confío un poco más en mí misma (y en la vida) y ya estoy dejando que todas las cosas que están cambiando a mi alrededor se sedimenten como enseñanzas en mi interior.

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En el futuro cercano voy a escribir entradas en la que te contaré, como adelanté, algo emocionante que hice con el alemán y muchas otras observaciones que fui tomando a lo largo de estos meses.

Espero que esta larga entrada te haya dado alguna pista para lo que estás viviendo en estos momentos, pues es en gran parte la única razón por la que publico cosas así de personales.

Muchas gracias por leer, en verdad extrañé mucho escribir aquí.

<3

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Foto de Frank Wuestefeld

Lingüística Cartesiana

Lingüística cartesiana (Reseña)

Noam Chomsky, Lingüística cartesiana, Gredos, 1969, 158 pp.

Lingüística CartesianaExiste un tipo de obra para la cual tienes que prepararte mentalmente y tener un estado de predisposición para lograr una mejor explotación de los contenidos impresos sobre las páginas.

Este, sin duda, ha sido el caso para mí; principalmente porque se trata de un libro que analiza sus temas de manera amplia, con constantes citas y comentarios que ahondan en el tratamiento de la Lingüística Cartesiana y sus diferentes vértices.

Dentro del libro encontrarás ensayos que pretenden desarrollar y presentar teorías del lenguaje, que, según Chomsky, hasta ese momento habían sido carentes e inconexas.

Así es, pues, que Chomsky busca conectar las diferentes ideas de sus predecesores sobre una misma masa de influencia Cartesiana, pues Descartes no trató este tema como línea de trabajo principal.

Presenta, por ejemplo, ideas sobre las diferencias fundamentales entre los humanos y los animales, que marcan la definición de nuestra capacidad de comunicarnos de manera compleja a través del lenguaje y la incapacidad de los animales, aún bajo entrenamiento, de lograr esta acción aparentemente innata dentro de la raza humana.

Lo anterior se conecta, en esta obra, a diferentes teorías que van desde la capacidad mental que presupone el lenguaje y su naturaleza, hasta las mejores aproximaciones al estudio del lenguaje en el contexto histórico e intelectual apropiado.

El autor afirma:

“El hombre tiene una capacidad específica, un tipo único de organización intelectual que no puede atribuirse a órganos exteriores ni relacionarse con la inteligencia general y que se manifiesta en lo que podemos denominar «aspecto creador» del uso del lenguaje corriente, y cuya propiedad consiste en ser ilimitado en cuanto a su alcance y en no precisar de estímulo” (p. 20)

La propuesta de este libro está muy bien lograda y es una lectura de gran aporte por los diferentes niveles en los que se acerca a las teorías del lenguaje; lo hace de una manera ligeramente desorganizada pero atrapante, pues si en cualquier momento temes que el libro ya lo ha dicho todo y aún te falta mucho para acabarlo, tendrás la sorpresa de continuar y ver quue el objetivo sigue siendo aproximado de diversos ángulos más.

La mejor de las aportaciones de este libro es la apertura del tema a una gran cantidad de interrogantes que siguen nutriendo el interés de la lingüística en continuar desarrollando teorías y que invita al lector a usar sus propios conocimientos actualizados (ya que el libro fue originalmente escrito hace más de 40 años) en el noble empleo de la razón.

Creo firmemente que este libro puede ser de gran interés tanto para las personas que gusten de conocer la obra de Chomsky, así como para a quienes interesa una teoría lingüística que abarque lo superficial y lo profundo.

La densidad con la que están llenas las páginas de esta obra particular es cautivante, así que si tienes tiempo de darle una lectura con la mente preparada, yo te invito a que lo hagas.

Genaro Martínez

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Llevo todo el mes sin escribir aquí.

Un par de historias dignas de contarse en este blog se están gestando, pero todavía son muy bebés como para que las saque a la luz.

Sin embargo, pensé que sería buena idea dar señales de vida y saludar durante la ausencia creada por mi aparentemente necesario silencio.

Apertura

No siempre me resulta fácil escribir aquí.

A veces, cuando pasa una semana sin que publique, suele ser porque:

a) estoy dejando que una entrada “madure” para que la distancia me ayude a ver si es tan horrible como creo o si está bien que sea leída,

b) empecé a escribir algo que al final no me gustó en lo absoluto, y como esa era La Idea de la Semana, me quedo sin idea para esa semana,

c) los días pasan mucho más rápido de lo que consideraba al inicio de la semana, se hace sábado y entonces prefiero publicar algo el lunes o martes siguiente.

Cosas así.

Pero cuando dejo que pasen dos semanas o más, normalmente es porque sucede algo que ocasiona que me vuelque (aun más) hacia dentro y que me hace desear vivir cerca de un lago para irme a pensar o a escribir para mí junto al agua y sobre el pasto. O algo así.

Esto me sucede cuando una parte de mi identidad o de mi forma de ver el mundo comienza a cambiar mucho o muy rápido, y tengo tanta información nueva que no me da tiempo de consolidar nada como para que sea escrito, sino que voy digiriendo, entendiendo, etcétera, en un estado como… meditativo.

¿Te ha pasado algo así?

Estoy en una etapa de mi vida en la que me estoy enfrentando a muchos cambios externos que conllevan muchas [cosas] internas; estoy—cómo me molesta esa frase—“cerrando ciclos” y, sobre todo, comenzando a dejar atrás algo que se podría denominar “vida provisional“.

Es lo más difícil que he hecho en mucho, mucho tiempo, y está patrocinado, en parte, por… los trámites de mi tesis.

No me voy a quejar (demasiado) pero, para mí, hacer trámites es mucho más difícil que {investigar + escribir + editar + dar a leer mi tesis}.

Ok, ¿a quién engaño? me encanta investigar, escribir, editar y que me lean (cof cof, blog). ¿Pero llevar papeles (altamente valiosos) de un lado a otro, recolectando firmas y sellos? No, por favor. Nooo. 

Creo que, aunque me queje, también puedo encontrar algo que disfrutable en todo esto. Me gusta imaginarme que cuando pasen muchos meses o años me voy a sorprender mucho de la cantidad impresionante de fortaleza y recursos que reuní para cumplir con todos esos trámites, y todo esto me va a dar risa.

En fin.

Lo anterior es para decirte, queridísimo lector, que sigo viva (hola), que quizá siga sin escribir sobre los temas del blog durante otro rato, pero que hay un par de posts programados (yay!):

Está en el horno la nueva Reseña de Genaro.

Y a finales de este agosto sigue la serie de entradas sobre mi 2014 en retrospectiva (en la que te cuento todo lo que pasó desde mayo hasta agosto).

Mientras eso sucede, te dejo con unos videos en cuyo contenido no puedo dejar de pensar (entre más los veo, más cosas me dicen):

Te recomiendo que veas al menos uno si tienes un momento.

Dicho lo anterior,

seguiré en mi proceso extraño de digestión e introspección, del cual—estoy segura—saldrán muchas entradas buenas para NOL en un futuro nada lejano.

Gracias por leer, y hasta pronto.

<3

Palabras de ánimo y comprensión, en los comentarios.

ricoeur

Sobre la traducción (Reseña)

Paul Ricoeur, Sobre la traducción, Paidós, 2005, 75 pp.

ricoeurCuando visitamos una biblioteca nos es imposible recorrer la estantería en búsqueda de libros sin toparnos con una gran cantidad de ejemplares de literatura universal, redactados en diferentes idiomas y mágicamente conversos del lenguaje original a cuantos otros podamos contar.

Pero… ¿es esta conversión magia?

La respuesta es no.

Dentro de las páginas de este libro podremos adentrarnos en el entorno de la traducción; profesión muy necesaria para la diversidad de obras literarias que pueden estar en estantes de otros países y regiones con una nueva interpretación lingüística.

El libro de Ricoeur aborda, además, los muy distintos y específicos problemas que enfrentan los traductores, desde el inmediato asumir que la traducción es inferior por el simple hecho de serlo hasta los conflictos éticos sobre los cambios a realizar cuando resulta imposible traducir “a la perfección” una obra, arriesgándose a cambiar el significado del original.

Nos son relatados diversos paradigmas de la traducción, desde las diferentes teorías sobre el tipo de textos a tratar (textos religiosos, textos románticos o filosóficos) hasta los discursos sobre la dicotomía presente entre la fidelidad y la traición al texto original con respecto a la carencia de un criterio absoluto para juzgar a las traducciones.

Para dejarlo más claro, el libro aborda el gran reto que presentan las diferencias estructurales entre idiomas, así como los conceptos abstractos que imponen al traductor un dilema situado entre las opciones de buscar palabras equivalentes o sacrificar la equivalencia para buscar impregnar el significado percibido en la obra en cuestión, pues las diferencias culturales pueden marcar una diferencia aun en la supuesta equivalencia.

Uno de los discursos del libro específica esta dificultad así:

«No sólo los campos semánticos no se superponen; tampoco las sintaxis son equivalentes. Los signos idiomáticos  no transmiten los mismos legados culturales; y qué decir de las connotaciones a medias mudas, que pesan sobre las denotaciones mejor delimitadas del vocabulario de origen y que flotan de alguna manera entre los signos , las oraciones, las secuencias cortas o largas. A ese complejo de heterogeneidad, el texto extranjero le debe sus resistencia a la traducción, y en este sentido, su intraducibilidad esporádica.» (p.22)

Este es un libro sobre traducción que se desenvuelve en los temas sin preámbulos y resulta en una lectura fluida e interesante que incluye las perspectivas de diversos estudiosos de la materia que generan un debate en el complicado e inconcluso ámbito de la conversión de textos extranjeros.

La lectura de este ejemplar me proveyó de una perspectiva personal, como entusiasta de los idiomas, bastante única, pues la forma en que el tema fue tratado en tres discursos principales me pareció excelente para explorar los temas y motivarse a tomar distintas obras traducidas y notar sutiles diferencias con respecto a los originales; y quizá, también, motiva a traducir.

Si alguna vez en tu vida has leído una obra traducida y te interesa el desarrollo literario, te recomiendo leer este libro y no perder la oportunidad de conocer los criterios y teorías sobre el noble arte de transformar el idioma de maneras efectivas y diversas.

Definitivamente, este libro es una opción agradable para leer y pensar.

Genaro Martínez