Lingüística Cartesiana

Lingüística cartesiana (Reseña)

Noam Chomsky, Lingüística cartesiana, Gredos, 1969, 158 pp.

Lingüística CartesianaExiste un tipo de obra para la cual tienes que prepararte mentalmente y tener un estado de predisposición para lograr una mejor explotación de los contenidos impresos sobre las páginas.

Este, sin duda, ha sido el caso para mí; principalmente porque se trata de un libro que analiza sus temas de manera amplia, con constantes citas y comentarios que ahondan en el tratamiento de la Lingüística Cartesiana y sus diferentes vértices.

Dentro del libro encontrarás ensayos que pretenden desarrollar y presentar teorías del lenguaje, que, según Chomsky, hasta ese momento habían sido carentes e inconexas.

Así es, pues, que Chomsky busca conectar las diferentes ideas de sus predecesores sobre una misma masa de influencia Cartesiana, pues Descartes no trató este tema como línea de trabajo principal.

Presenta, por ejemplo, ideas sobre las diferencias fundamentales entre los humanos y los animales, que marcan la definición de nuestra capacidad de comunicarnos de manera compleja a través del lenguaje y la incapacidad de los animales, aún bajo entrenamiento, de lograr esta acción aparentemente innata dentro de la raza humana.

Lo anterior se conecta, en esta obra, a diferentes teorías que van desde la capacidad mental que presupone el lenguaje y su naturaleza, hasta las mejores aproximaciones al estudio del lenguaje en el contexto histórico e intelectual apropiado.

El autor afirma:

“El hombre tiene una capacidad específica, un tipo único de organización intelectual que no puede atribuirse a órganos exteriores ni relacionarse con la inteligencia general y que se manifiesta en lo que podemos denominar «aspecto creador» del uso del lenguaje corriente, y cuya propiedad consiste en ser ilimitado en cuanto a su alcance y en no precisar de estímulo” (p. 20)

La propuesta de este libro está muy bien lograda y es una lectura de gran aporte por los diferentes niveles en los que se acerca a las teorías del lenguaje; lo hace de una manera ligeramente desorganizada pero atrapante, pues si en cualquier momento temes que el libro ya lo ha dicho todo y aún te falta mucho para acabarlo, tendrás la sorpresa de continuar y ver quue el objetivo sigue siendo aproximado de diversos ángulos más.

La mejor de las aportaciones de este libro es la apertura del tema a una gran cantidad de interrogantes que siguen nutriendo el interés de la lingüística en continuar desarrollando teorías y que invita al lector a usar sus propios conocimientos actualizados (ya que el libro fue originalmente escrito hace más de 40 años) en el noble empleo de la razón.

Creo firmemente que este libro puede ser de gran interés tanto para las personas que gusten de conocer la obra de Chomsky, así como para a quienes interesa una teoría lingüística que abarque lo superficial y lo profundo.

La densidad con la que están llenas las páginas de esta obra particular es cautivante, así que si tienes tiempo de darle una lectura con la mente preparada, yo te invito a que lo hagas.

Genaro Martínez

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Llevo todo el mes sin escribir aquí.

Un par de historias dignas de contarse en este blog se están gestando, pero todavía son muy bebés como para que las saque a la luz.

Sin embargo, pensé que sería buena idea dar señales de vida y saludar durante la ausencia creada por mi aparentemente necesario silencio.

Apertura

No siempre me resulta fácil escribir aquí.

A veces, cuando pasa una semana sin que publique, suele ser porque:

a) estoy dejando que una entrada “madure” para que la distancia me ayude a ver si es tan horrible como creo o si está bien que sea leída,

b) empecé a escribir algo que al final no me gustó en lo absoluto, y como esa era La Idea de la Semana, me quedo sin idea para esa semana,

c) los días pasan mucho más rápido de lo que consideraba al inicio de la semana, se hace sábado y entonces prefiero publicar algo el lunes o martes siguiente.

Cosas así.

Pero cuando dejo que pasen dos semanas o más, normalmente es porque sucede algo que ocasiona que me vuelque (aun más) hacia dentro y que me hace desear vivir cerca de un lago para irme a pensar o a escribir para mí junto al agua y sobre el pasto. O algo así.

Esto me sucede cuando una parte de mi identidad o de mi forma de ver el mundo comienza a cambiar mucho o muy rápido, y tengo tanta información nueva que no me da tiempo de consolidar nada como para que sea escrito, sino que voy digiriendo, entendiendo, etcétera, en un estado como… meditativo.

¿Te ha pasado algo así?

Estoy en una etapa de mi vida en la que me estoy enfrentando a muchos cambios externos que conllevan muchas [cosas] internas; estoy—cómo me molesta esa frase—“cerrando ciclos” y, sobre todo, comenzando a dejar atrás algo que se podría denominar “vida provisional“.

Es lo más difícil que he hecho en mucho, mucho tiempo, y está patrocinado, en parte, por… los trámites de mi tesis.

No me voy a quejar (demasiado) pero, para mí, hacer trámites es mucho más difícil que {investigar + escribir + editar + dar a leer mi tesis}.

Ok, ¿a quién engaño? me encanta investigar, escribir, editar y que me lean (cof cof, blog). ¿Pero llevar papeles (altamente valiosos) de un lado a otro, recolectando firmas y sellos? No, por favor. Nooo. 

Creo que, aunque me queje, también puedo encontrar algo que disfrutable en todo esto. Me gusta imaginarme que cuando pasen muchos meses o años me voy a sorprender mucho de la cantidad impresionante de fortaleza y recursos que reuní para cumplir con todos esos trámites, y todo esto me va a dar risa.

En fin.

Lo anterior es para decirte, queridísimo lector, que sigo viva (hola), que quizá siga sin escribir sobre los temas del blog durante otro rato, pero que hay un par de posts programados (yay!):

Está en el horno la nueva Reseña de Genaro.

Y a finales de este agosto sigue la serie de entradas sobre mi 2014 en retrospectiva (en la que te cuento todo lo que pasó desde mayo hasta agosto).

Mientras eso sucede, te dejo con unos videos que no puedo dejar de ver (entre más los veo, más cosas me dicen):

Te recomiendo que veas al menos uno si tienes un momento.

Dicho lo anterior,

seguiré en mi proceso extraño de digestión e introspección, del cual—estoy segura—saldrán muchas entradas buenas para NOL en un futuro nada lejano.

Gracias por leer, y hasta pronto.

<3

Palabras de ánimo y comprensión, en los comentarios.

ricoeur

Sobre la traducción (Reseña)

Paul Ricoeur, Sobre la traducción, Paidós, 2005, 75 pp.

ricoeurCuando visitamos una biblioteca nos es imposible recorrer la estantería en búsqueda de libros sin toparnos con una gran cantidad de ejemplares de literatura universal, redactados en diferentes idiomas y mágicamente conversos del lenguaje original a cuantos otros podamos contar.

Pero… ¿es esta conversión magia?

La respuesta es no.

Dentro de las páginas de este libro podremos adentrarnos en el entorno de la traducción; profesión muy necesaria para la diversidad de obras literarias que pueden estar en estantes de otros países y regiones con una nueva interpretación lingüística.

El libro de Ricoeur aborda, además, los muy distintos y específicos problemas que enfrentan los traductores, desde el inmediato asumir que la traducción es inferior por el simple hecho de serlo hasta los conflictos éticos sobre los cambios a realizar cuando resulta imposible traducir “a la perfección” una obra, arriesgándose a cambiar el significado del original.

Nos son relatados diversos paradigmas de la traducción, desde las diferentes teorías sobre el tipo de textos a tratar (textos religiosos, textos románticos o filosóficos) hasta los discursos sobre la dicotomía presente entre la fidelidad y la traición al texto original con respecto a la carencia de un criterio absoluto para juzgar a las traducciones.

Para dejarlo más claro, el libro aborda el gran reto que presentan las diferencias estructurales entre idiomas, así como los conceptos abstractos que imponen al traductor un dilema situado entre las opciones de buscar palabras equivalentes o sacrificar la equivalencia para buscar impregnar el significado percibido en la obra en cuestión, pues las diferencias culturales pueden marcar una diferencia aun en la supuesta equivalencia.

Uno de los discursos del libro específica esta dificultad así:

«No sólo los campos semánticos no se superponen; tampoco las sintaxis son equivalentes. Los signos idiomáticos  no transmiten los mismos legados culturales; y qué decir de las connotaciones a medias mudas, que pesan sobre las denotaciones mejor delimitadas del vocabulario de origen y que flotan de alguna manera entre los signos , las oraciones, las secuencias cortas o largas. A ese complejo de heterogeneidad, el texto extranjero le debe sus resistencia a la traducción, y en este sentido, su intraducibilidad esporádica.» (p.22)

Este es un libro sobre traducción que se desenvuelve en los temas sin preámbulos y resulta en una lectura fluida e interesante que incluye las perspectivas de diversos estudiosos de la materia que generan un debate en el complicado e inconcluso ámbito de la conversión de textos extranjeros.

La lectura de este ejemplar me proveyó de una perspectiva personal, como entusiasta de los idiomas, bastante única, pues la forma en que el tema fue tratado en tres discursos principales me pareció excelente para explorar los temas y motivarse a tomar distintas obras traducidas y notar sutiles diferencias con respecto a los originales; y quizá, también, motiva a traducir.

Si alguna vez en tu vida has leído una obra traducida y te interesa el desarrollo literario, te recomiendo leer este libro y no perder la oportunidad de conocer los criterios y teorías sobre el noble arte de transformar el idioma de maneras efectivas y diversas.

Definitivamente, este libro es una opción agradable para leer y pensar.

Genaro Martínez

round

Si no te gusta, déjalo ir

Cada vez me convenzo más de que la vida es demasiasdo corta como para seguir leyendo un libro que no te gusta.

Siento un gran alivio al recordar que tengo permiso de dejarlo a la mitad, y de no dejarme guiar por el sentido extraño de obligación que nos dice que debemos concluir TODO lo que empezamos.

Porque no es así.

Y mucho menos con los idiomas, y mucho menos si eres autodidacta y no tienes (tanta) prisa.

Reading in the round

Poner atención

Si desarrollas la habilidad de observarte a ti mismo mientras estás haciendo las cosas, podrás darte cuenta, paulatinamente, de que tu actitud frente a cierto material (por ejemplo, un libro que decidiste estudiar todos los días) va cambiando con el tiempo:

  1. Al inicio te emociona mucho y te parece perfecto; ignoras sus defectos.
  2. Al otro día, algo sobre el material te frustra, pero, como estás muy motivado, lo pasas por alto.
  3. Luego comienzas a procrastinar un poco, pero tu fuerza de voluntad es más grande y puedes seguir.
  4. Después, aunque empiezas a procrastinar un mucho, te esfuerzas y hasta te desvelas por estudiar.
  5. Al día siguiente, cualquier pretexto es bueno, por lo que decides hacer otra cosa no relacionada con el idioma.
  6. Y, cuando menos te das cuenta, ya pasaste una semana sin estudiar. Se asoma la culpa.

Ese resultado no sería grave o malo si no fuera porque automáticamente nos echamos la culpa de nuestros “fracasos“.

No se nos ocurre que es totalmente normal ir cambiando nuestra perspectiva de un método a) conforme lo vamos conociendo más, b) a medida que va satisfaciendo nuestras necesidades—lingüísticas o psicológicas—de determinado momento, c) de acuerdo con nuestro estado de ánimo (o con el clima).

Nos gusta racionalizar el hecho de que ya no estamos estudiando con cosas como:

“Esto de la disciplina no es lo mío”

“No tengo fuerza de voluntad”

“En realidad no me importaba / gustaba lo suficiente”.

Pero no tiene por qué ser así.

Huevos y canastas

Si lees al menos un libro sobre el dinero o las finanzas personales, verás que por todos lados se repite, como un mantra, lo siguiente:

No tengas una sola fuente de ingreso.

No inviertas en un solo fondo.

No pongas todos tus huevos en una sola canasta.

Lo mismo aplica con los materiales que usas:

Si estudias con uno solo, y lo abandonas (ya sea porque te decepciona, te resulta demasiado pesado o hace que tus voces en la cabeza salgan a saludarte*), te quedas con las manos vacías.

*Voces que dicen cosas como
“No tiene caso seguir intentando,
es obvio que jamás podré dominar
todos los casos del alemán”
y otras cosas.

En cambio, si recibes información desde muchas fuentes, aprenderás mejor, tendrás muchas menos probabilidades de aburrirte del idioma y te rodearás de gran variedad de palabras y frases de diferentes niveles.

Asimismo, si sufres al escribir / hablar / leer / escuchar, déjalo por ahora; quizá en algún momento se vuelva más fácil.

Vuelvo a lo mismo: tenemos muchas reglas sobre nuestro supuesto deber de practicar las 4 habilidades del lenguaje TODO EL TIEMPO y hacerlo a la perfección, o de lo contrario explotará nuestra computadora (en el mejor de los casos).

Lo cierto es que no pasa absolutamente nada si durante los primeros seis meses de tu aprendizaje sólo te dedicas a leer (por decir algo). Quizá algún día te nazcan ganas de escribir, o tal vez comiences a necesitar esa habilidad, y entonces comenzarás a practicar.

Está bien.

Recordar que tenemos la libertad de abandonar lo que ya no nos gusta o sirve trae consigo una gran sensación de alivio.

Es experimentar, una vez más, que tienes permiso de hacer lo que quieras, que este es tu aprendizaje de idioma, y que nadie te debe decir cómo hacerlo, o qué hacer.

No sé tú, pero a mí eso me parece genial.

A modo de resumen:

Aprende con unas cinco fuentes.

Es decir, por ejemplo: un libro, muchas canciones, un podcast, Duolingo, un amigo en Skype.

Verás que si estableces, por ejemplo, que todas las noches después de cenar sea La hora del ruso, y, para decidir con qué estudiar, te guías por aquello que te dan ganas de hacer, tendrás un aprendizaje muy variado.

¿Con qué tengo ganas de aprender hoy?

Responder esa pregunta hará que se vuelva evidente con qué materiales no te gusta trabajar (es decir, cuáles debes dejar descansar, o abandonar).

Si puedes obtener lo que obtienes de ellos (o algo mejor) con otra cosa, es momento de cambiar de estrategia.

Por lo tanto, haz pruebas para ver qué pasa si abandonas lo que menos te gusta, y date permiso de sentir una riqueza de opciones (actividades, materiales y herramientas).

Lo contrario de la escasez se siente bien.

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Nota: Recuerda que este domingo (27/jul) es el último día para enviar tu solicitud para la Segunda Temporada de la Liga. Todavía quedan lugares. ¡No te puedes quedar fuera!

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Imagen de Let Ideas Compete

Convocatoria para la Segunda Temporada de la Liga

La Primera Temporada de la Liga de amantes empedernidos de sus proyectos abandonados o detenidos (más detalles abajo) ha llegado a su fin.

Fueron muchas semanas de avanzar mucho en nuestros proyectos, pero también de aprender cómo nos relacionamos con ellos, cuáles son los obstáculos que nos surgen, e intentar varias estrategias para evitarlos o seguir a pesar de ellos.

Fue una gran experiencia para todos, por lo que se tiene que repetir.

Te invito a la Segunda Temporada de la Liga.

La Liga son doce semanas de intensidad “proyectosa”.

Se trata de que cada miembro del grupo elija un proyecto que tenga, le sacuda el polvo, avance durante una semana, y en las Reuniones comparta ese progreso (o la falta de) con el resto de los integrantes del equipo en un ambiente amable, totalmente democrático y libre de juicios.

Los integrantes de la Liga trabajamos en igualdad de condiciones, pues nos encanta obtener y otorgar una perspectiva fresca, palabras de ánimo, opciones y, sobre todo, compañía para trabajar (que cada vez es más difícil de encontrar).

¿Cuál proyecto?

Los mejores resultados se obtienen con un proyecto que llevas mucho tiempo deseando ver concluido y no has podido encontrar la motivación necesaria o el momento adecuado (pista: este es el momento adecuado).

Hay dos ejes para aprovechar todo lo que la Liga te puede dar: 1) el tiempo y 2) el proyecto.

1) Un plan que pretendas concluir en 3 meses, con la finalidad de obtener y mostrar un resultado.

Ejemplos:

  • Retomar la guitarra para darle un concierto a tu familia, o tocar en un evento especial al final del tiempo.
  • Hornear hogazas de pan y hacer una cena para compartir la que hagas en la semana 12 (la mejor hecha).
  • Aprender todo el alemán que puedas para que te acepten en el curso nivel B2 que empieza al final de las 12 semanas.

Ventaja: el factor “Ay ay ay ya vamos en la semana seis y todavía no estoy cerca de obtener lo que quería” te hará sentir una presión agradable.

2) Un proyecto muuuy largo en el que lo que importa no es que lo termines, sino que te admires de lo mucho que se avanza en tres meses de concentración y compañia. Por ejemplo:

  • Una tesis.
  • Limpiar a fondo y/o organizar y/o redecorar tu casa (sólo las habitaciones que te alcancen en tres meses).
  • Hacer todo lo necesario para echar a andar tu negocio.

Ventaja: las 12 semanas te ayudarán a arrancar de una vez por todas y a dejar de lado los pretextos, etc.

Elijas lo que elijas, aprenderás decenas de herramientas que te ayudarán a seguir adelante con ese mismo proyecto o cualquier otro cuando terminen las 12 semanas.

Requisitos:

  1. Contar con al menos una idea de un proyecto que entre en alguna de las dos categorías mencionadas arriba.
  2. Tener posibilidad de conectarse a Skype a la hora de las Reuniones.
  3. Estar dispuesto a participar activamente: trabajar en tu proyecto, responder los correos, leer los materiales.
  4. Dominar el español.

NOTA: Aunque los proyectos con los que puedes entrar a la Liga pueden ser de lo más variados, por razones personales no podré aceptar ningún proyecto relacionado con el tema “salud” (como cambiar tu alimentación, intentar modificar de alguna manera tu cuerpo, o establecer un régimen de ejercicio físico).

Detalles:

Duración: 12 semanas (del 5 de agosto al 27 de octubre)

Fechas: la primera Reunión será el 5 de agosto, la última el 28 de octubre del 2014.

Hora de las Reuniones: todos los martes a las 12pm CDT (duran de 1 a 1.5 horas)

Lugar: Internet, Skype (yo te daré mi nombre de usuario para que me puedas agregar)

Medio de comunicación: Correo electrónico

Cupo máximo: 6 personas (si ya no alcanzas cupo, te lo diré al responder tu solicitud)

Último día para enviar tu solicitud: Domingo 27 de julio de 2014

Precio: $0.00

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Muero de la emoción por saber cuál proyecto traerás.

Te invito a comprobar por ti mismo lo maravillosa que puede ser para ti (y para tus proyectos pasados y futuros) tu presencia en esta Segunda Temporada en la Liga. :)

n+1

¿Sabes qué necesitas TÚ para aprender?

Los seres humanos contamos, en general, con los mismos métodos para acercanos a la realidad. Ponemos atención más o menos de la misma manera, y percibimos de forma muy similar.

Sin embargo, no hay dos cerebros “cableados” de la misma manera, y existen pequeñas variaciones entre nuestras formas específicas de procesar la realidad.

Estas sutiles distinciones pueden ser la diferencia, por ejemplo, entre un aprendizaje satisfactorio + emocionante y un dolor de cabeza.

Cuando tienes claro cómo aprendes , sabes exactamente qué tipo de materiales utilizar para que la información fluya hacia tu memoria y permanezca ahí a largo plazo.

Así, decidí escribir esta entrada para arrojar luz sobre el hecho de que la simple observación de ti mismo frente a la información puede darte muchas pistas sobre qué es exactamente lo que necesitas buscar y, de esta manera, pierdas mucho menos tiempo en cursos, clases y métodos que no te sirven a ti (aun si mucha gente jura que son LA solución).

n(n+1)

Cómo aprendo yo

Para que te des una idea de lo que puedes llegar a saber sobre tu manera de aprender, te compartiré lo que yo he comprendido tras mucho tiempo de observación.

Aprendo mejor…

  • Leyendo. Cuando me interesa un tema nuevo, lo primero que hago es buscar un libro de introducción (o incluso el artículo de Wikipedia, si está bien hecho). Si, por ejemplo, voy a una clase o conferencia, tomo miles de notas para poder leerlas después. Está científicamente demostrado que comprendo y recuerdo mejor de un video con subtítulos que de uno sin ellos.
  • Explicando. Dicen que si no puedes explicar algo es porque no lo has entendido, pero si yo no explico algo, no puedo entenderlo ni mucho menos recordarlo. Explicar o divulgar lo que sé me sirve para saber qué más necesito investigar sobre un tema.
  • Con algo difícil. Si, por ejemplo, me pones a descifrar un texto que no puedo leer a simple vista, pero con las herramientas necesarias para lograrlo, aprendo mucho mejor que con información dosificada, como en los ejercicios para principiantes. Me gusta desentrañar misterios.
  • Cuando yo puedo elegir qué aprender. Y cuando sé que tengo la libertad de abandonar un tema o darle las gracias por haberme llevado hacia otro aún más interesante.
  • Sin presión. Odio que me presionen y me digan qué hacer y cuándo. Si puedo hacer las cosas a mi propio ritmo, buscando mis propias fuentes y herramientas, aprendo muy rápido y bien.
  • Cuando es necesario entender. Si hay algo que mi cerebro ama en el mundo, es entender cómo funcionan las cosas. No todo, evidentemente, pero si algo me interesa, no descanso hasta entenderlo. Lo curioso es que yo no decido cuándo comprendí algo, sino que el aburrimiento me señala que ya lo hice. Es raro.
  • Con la novedad. Creo que esto es general, pero mientras siga habiendo datos nuevos, yo sigo aprendiendo. En cuanto se repite algo que ya domino, me empiezo a estresar y a distraer.
  • Cuando algo resulta útil. No sé qué criterio tiene mi mente para decidir que algo es útil, pero si cree que un tema o información va a servir para solucionar un problema (ya sea mío o de la gente en general), lo voy a absorber como esponja. Y no hay forma humana de que yo pueda entender algo que sienta que no sirve para nada. Lo he intentado, es imposible.
  • Cuando no tengo que esperar a nadie. Si yo puedo controlar mi acceso a la información, la aprendo estúpidamente rápido. Por lo tanto, si hay [algo] que me haga tener que esperar a recibir el siguiente bit de información, me aburro, me distraigo y me pierdo por siempre.
  • Escribiendo. Me refiero, claro está, a explicar escribiendo, como hago aquí en el blog, pero en ocasiones el simple hecho de escribir mi “monólogo interior” con respecto a lo que estoy pensando o leyendo en determinado momento me permite consolidarlo en mi memoria.
  • Cuando mi visión del mundo cambia. Y cuando veo ciertas cosas de manera muy diferente a como el grueso de la gente cree que son. Me gusta ver más allá de lo evidente y decir “¡Nunca lo había pensado así!”.
  • Cuando encuentro relaciones entre todo lo que he aprendido. Adoro la sensación de sorpresa que surge cuando encuentro patrones y coincidencias significativas.
  • Cuando hallo respuestas a preguntas. También para esto me sirve explicar; la gente me hace preguntas y ya sé qué buscar. Amo sentir que sé.

Hasta ahora es lo que he encontrado. Haber entendido esto y seguir poniendo atención en las maneras en las que aprendo me ha servido más de lo que me pude haber imaginado.

Por ejemplo, el otro día una persona me pidió que viera un programa de televisión acerca del bullying. Es un tema que me llama la atención y que nunca me he puesto a investigar por mi cuenta, y a decir verdad, el canal vendió muy bien la emisión, la hizo parecer interesante. Bueno, al menos voy a aprender algo, pensé.

Sin embargo, después de 5 minutos lo único que quería hacer era romper la televisión.

Me estaba aburriendo como ostra porque había muchísimos cortes comerciales, porque repetían 8 veces la misma idea, pasaban 400 testimonios parecidos por segundo y porque a mí me interesaba más la parte que según los presentadores saldría al final del programa, y no pude soportar tener que escuchar a los “expertos” desviándose del tema y peleándose entre ellos.

Si no hubiera tenido claro que la forma en la que se transmitía la información era una receta para el desastre (no lo sé, pero supongo que hay gente a la que sí le resulta interesante de esa manera, pues de lo contrario ya habrían quitado ese programa del aire), hubiera creído que el tema era lo que me hizo aburrirme.

Pero no era así, aunque eso nos ha sucedido a todos:

Muchas personas van por la vida convencidas de que su cerebro no sirve para aprender idiomas (o para una lengua en específico) porque la manera en la que alguna vez les intentaron enseñar era totalmente incompatible con la forma en la que mejor aprenden.

Como en la escuela no nos explican que todos aprendemos de manera ligeramente distinta, no nos educan a poner atención en esas sutilezas, a ser nuestro propio objeto de estudio y a actuar con base en nuestras observaciones.

Sin embargo, nunca es tarde para comenzar a notar qué nos hace absorber información y qué nos ahuyenta de ella, con la finalidad de adaptar los materiales a nuestro cerebro y hacer que nos permita disfrutar del aprendizaje.

Y tú, ¿tienes algunas ideas sobre cómo aprendes mejor? 

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Foto de Jan Tik