dictionary

Estimados ciudadanos: dejen de querer cambiar el diccionario

Ya van varias veces que veo que alguien se queja amargamente de que—¡agh!—el diccionario está mal en su definición de algún término.

Hay quienes hacen peticiones para que los diccionarios cambien las descripciones del significado de las palabras, como el caso de la palabra success” en la Strayer University.

Dejando de lado la seguramente buena intención que tienen estas personas, escribo sobre esto porque me parece absurdo y porque, sobre todo, demuestra que existe muy poca comprensión sobre qué son y cómo funcionan los diccionarios.

Ahora bien, yo no soy lexicógrafa (es decir, no me dedico a hacer diccionarios), pero tengo claras un par de cosas por mi formación en lingüística.

dictionary

1. Los diccionarios no nos enseñan a hablar. 

Muchas personas creen que las palabras que usamos todos los días salen de los diccionarios y de las Academias de la Lengua, pero no es así. Nuestros padres nos enseñan a hablar. Nuestra cultura nos enseña las definiciones de las palabras.

Si el diccionario marcara cómo hablar, “torta” significaría lo mismo en México y en España por el simple hecho de que son los mismos sonidos en el mismo orden, y simplemente no es así. Cada cultura llena las palabras del significado que le conviene y así se transmite de generación en generación.

2. Los diccionarios son posteriores a los hablantes. 

Un diccionario bien hecho (porque no todos están bien hechos) registra la forma en la que las personas hablan. Es decir, los lexicógrafos escuchan cómo se usan las palabras y con base en ello redactan definiciones para que cuando un extranjero, o una persona que nunca ha oído una palabra la escucha por primera vez, pueda saber qué significa.

Si la definición de una palabra cambia con el uso (y el uso es el rey cuando de una lengua se trata), los creadores del diccionario entonces tienen el deber de registrar esa evolución del significado de la palabra, pero no necesariamente “cambiar” la definición, sino añadirla abajo. Hay palabras que tienen dos o muchas definiciones porque tienen dos o muchos usos.

3. Pocas personas usan los diccionarios monolingües. 

La idea detrás de estas campañas para modificar la definición de una palabra surgen de la idea extraña de que quienes van a usar una palabra (sobre todo si es tan común como “éxito”) buscan antes su significado y después la usan. No inventen. ¡Nada podría esta más alejado de la realidad!

En términos generales, las personas que buscan palabras en un diccionario de su lengua materna son muy pocas y, de cualquier forma, lo usan a posteriori, esto es, ya que han usado la palabra 10 millones de veces y solo cuando necesitan la definición para escribir un ensayo o algo por el estilo.

Un hablante común y corriente difícilmente va a buscar la definición de una palabra frecuente en el diccionario para usarla cotidianamente.

No sé muy bien de dónde sacaron que 90% of Americans associate success with happiness rather than “the fact of getting or achieving wealth, respect, or fame,” which is the current Merriam-Webster definition of success. ¿En serio?

Y aun si así fuera, “happiness” tendría que ser una definición MÁS de “success“, dado que tanta gente está comenzando a considerarlo así, según ellos.

Entiendo la idea detrás de la campaña. Entiendo que parte de una necesidad de redefinir el éxito porque la gente es muy exigente consigo misma, y todo eso.

Pero cambiar la definición del diccionario (suponiendo que los lexicógrafos de Merriam-Webster cedan ante la presión o también estén de acuerdo) no va a hacer nada para que la gente deje de asociar el éxito con la riqueza, el respeto o la fama. Para eso se necesitan siglos de evolución del inglés.

Si quieren que eso pase, van a tener que ser mucho más pacientes de lo que lo están siendo, pues será un cambio paulatino que se dé en la percepción de las personas.

Y, además, las nuevas ediciones de los diccionarios tardan mucho tiempo en salir a la luz. Para que esté bien hecho, un diccionario debe ser trabajado durante varios años por lo menos. 

Sí, la lengua cambia y está evolucionando todo el tiempo, y es seguro que la definición de “éxito” está evolucionando al ritmo de la cultura (tan es así que estos señores de la universidad lo están sintiendo), pero eso no significa que al modificar un diccionario que pocas personas leen se vaya a generar un cambio social o cultural.

Y, por si fuera poco, eligieron una palabra exageradamente subjetiva. Cada quien, aunque no sea consciente, define a su manera el éxito. Algunas personas nunca se van a sentir “exitosas” a menos que ganen su primer millón de USD, mientras que para otras el éxito reside en tener suficiente tiempo para ver a sus hijos crecer.

Además, la definición que le demos al éxito va cambiando conforme cada persona crece y conforme cambian sus circunstancias. Alguien que quería mucho respeto, por ejemplo, se da cuenta de que se siente muy solo en esa cima y decide que ahora será exitoso cuando sea parte de una comunidad de pares.

Miren, yo entiendo. Está muy bien que la gente le avise a los lexicógrafos que las definiciones de una palabra han evolucionado. Pero no es como que ellos no se hayan dado cuenta. Los lingüistas son personas obsesionadas con el lenguaje. Todo el tiempo están escuchando cómo habla la gente, no pueden evitarlo. Y más si a eso se dedican (!!!).

No digo que los creadores de diccionarios sean personas perfectas, son humanos que se pueden equivocar y que seguramente lo hacen, pero definitivamente podemos confiar en que están haciendo su trabajo y que si un hijo de vecino que no sabe mucho acerca del lenguaje se está dando cuenta de que el uso de una palabra está cambiando, los lexicógrafos y otros lingüistas también se están dando cuenta, pues su formación lo fomenta. (Y además les gusta hacerlo).

Pero bueno, el punto es que dudo mucho que cambiar la definición de un diccionario sirva de gran cosa para el cambio social. Puede influir, como cualquier otra cosa, pero realmente creo que no debe ser el centro de una campaña.

En mi opinión, hay varias causas mucho más importantes y urgentes que necesitan todas esas firmas.

___

Foto de Steve James

fogo

No dejes que tu fuego se apague

Nunca he sido muy buena para disfrutar las cosas. Es algo para lo que me he tenido que educar y reeducar frecuentemente.

fogo de Natal

Hasta hace poco, cada vez que se me encendía una especie de fuego interno que me hacía querer investigar sobre un tema, o crear algo, o aprender otra lengua, o leer un libro, me convencía a mí misma de que no era el momento adecuado, de que tenía que hacer otra cosa vitalmente importante (muchas veces no era cierto) o que el tiempo que usara para eso iba a ser mejor invertido durmiendo.

Muchas veces ese convencimiento funcionaba y perdía el interés que tenía por algo, o a veces (muy pocas veces) la pasión lograba esperarme a que terminara lo vitalmente importante que tenía que hacer hasta que podía poner manos a la obra.

Ahora entiendo que esto es algo muy triste porque la pasión es algo extremadamente valioso y escaso.

Pienso que en el mundo en el que vivimos sentirse apasionado o entusiasmado por algo no es muy frecuente. Creo que es cierto que la mayoría de las personas viven el día a día y por conveniencia (y porque la vida es dura) han tenido que tragarse sus sueños y aquello que realmente les gustaría hacer.

Cenizas

Cuando tenía como 19 años, era la cinéfila más empedernida que te puedas imaginar. Realmente creía que me quería dedicar a eso. Veía 3 películas a la semana (además de ser estudiante de tiempo completo) y todos mis momentos libres se los dedicaba a planear qué filmes vería después. Filmaffinity era mi homepage, pues escribía una reseña de todas las películas que veía.

Un buen día, decidí que, como estaba en entregas finales en la universidad, no vería ninguna película hasta terminar un artículo que tenía que entregarle a una maestra muy exigente. Y entonces le decía a esa pasión que sentía por el cine que me esperara, que en cuanto terminara ese trabajo (y otros dos) iba a poder hacer un maratón de películas, etc.

Unas semanas después, pasó algo completamente inesperado: me dejó de interesar el cine en un 100%.

Pensé que era solo una etapa, que en cuanto volviera a ver mis películas favoritas mi amor iba a regresar, pero no. Se había ido y hasta la fecha sigue sin venir.

En este momento mi vida está perfectamente bien sin el cine, y no me acongoja porque he tenido varias nuevas pasiones durante todo este tiempo, pero desde entonces tengo más cuidado de no echarle tierra a los fuegos que crecen dentro de mí. (A veces me sigue fallando).

Más cenizas

Algo parecido me sucedió con el hindi. Hace unos años me moría por aprender esta lengua, hasta me imaginaba yendo a la India para practicar.

Pero a diferencia de lo que me sucedió con el cine, simplemente decidí ignorar esa vocecita que quería que estudiara hindi. A veces tengo reglas extrañas en la cabeza y como en ese momento estaba estudiando alemán, decidí dejarlo de lado porque la Regla decía que primero debía llegar a X nivel de una lengua para aprender otra.

Ahora ya tiré esa Regla a la basura, pero en ese momento se sentía muy real.

Y entonces nunca estudié nada de hindi. En mi explorador de Internet sigue habiendo varios marcadores de recursos para aprender el alfabeto devanagari, pero cada vez que los veo no se me mueve nada. De hecho estoy pensando borrarlos.

El punto de esta entrada es recordarle a quien lo necesite que sentirse alocadamente emocionado por algo es un privilegio y, según algunos estudiosos del tema, aquello que nos ayuda a generarle un sentido a la vida. Y que, sobre todo, es irremplazable.

Si pudiera hablar con la Geo del pasado le diría que cada chispazo que tiene, por más inconveniente que parezca, merece ser atendido y alimentado. Que tiene sentido que tema distraerse de sus obligaciones y parecer (o ser) irresponsable.

Que no necesita ver una película completa para mantener su amor por el cine, que ver una en partes a lo largo de una semana está muy bien.

Le diría que puede aprender una palabra en hindi al día, que no es necesario privarse del gusto y la emoción, y que la aproveche mientras dura porque quién sabe si vuelva a aparecer y después le parezca algo más bien insulso.

En resumen, no mates la pasión que sientes por algo, sobre todo si se trata de una situación inocua (ver películas, leer libros, aprender cosas). Si se muere sola, déjala ir, pero no le temas a sentirla y a que rija tu vida durante un tiempo.

Puede ser una pasión inconveniente, pero creo yo que lo es más la sensación de vacío que queda al recordar el gozo que pudo haber sido. En palabras de Barbara Sher, deja que tu cerebro sea feliz bailando al ritmo de su propia música.

Y, en la medida de lo posible, no dejes que tu fuego se apague.

“Do not let your fire go out, spark by irreplaceable spark in the hopeless swamps of the not-quite, the not-yet, and the not-at-all”. —Ayn Rand

___

Foto de Gustavo Veríssimo

Tus idiomas son una fuente de poder

“Fuente de poder” se oye como algo que saldría en una película de superhéroes (“Fuente de poder, ¡activada!” o “¡Te derrotaré con mi fuente de poder!”), pero es más sencillo–y mucho mejor–que eso.

A lo que me refiero es una especie de fortaleza interna.

Cuando sientes que posees la capacidad de hacerle frente a las cosas, cuando confías en que puedes satisfacer tus necesidades por ti mismo, cuando sabes que, en general, eres una persona fuerte, tienes poder.

Por el contrario, cuando le cedes las decisiones de tu vida a quienes te rodean, cuando no actúas con base en lo que tú quieres porque esperas que alguien te dé “permiso”, cuando sientes que tu destino no está en tus manos, entonces tu reserva de poder está un poco vacía.

Obviamente, no hay personas 100% poderosas (o “empoderadas”, como se dice por ahí), y no hay nadie que tenga un nivel 0 de poder. Es un continuum dentro del cual nos movemos todo el tiempo. Pero hay cosas que le aumentan números a ese poder y cosas que se lo quitan.

Según mis observaciones, aprender otro idioma (o varios) es, como dije, una fuente de poder.

Cuando te enfrentas a algo difícil en tu vida, o quieres poner manos a la obra en un proyecto importante, y te pones a reflexionar en las cosas que has hecho o logrado, tener en esa lista un rubro que diga “Domino el inglés, he hablado con X, Y, y Z y me han entendido” o “Gracias a que hablo francés me aceptaron en este trabajo” te da–o te regresa–gran parte de ese poder.

De hecho, todo lo que has llevado a cabo en tu vida te da poder. Cada vez que haces una retrospectiva de tus aptitudes y de los pasos difíciles (o no tan difíciles, todo cuenta) que has dado, te recuerdas a ti mismo que puedes (del verbo poder) realizar tareas pesadas, incómodas, desagradables; o generar situaciones emocionantes, que te han hecho crecer, que te han abierto el corazón a la belleza de la vida.

Lo mejor de esto es que, entre más trabajo te haya costado aprender un idioma, más poder se guardó en tu arsenal. Entre más obstáculos venzas, más fuerte te vuelves.

Así, tal vez lo que nos corresponde no es huírle tanto a los desafíos y a los retos, sino darles la bienvenida con la mirada fija en un plazo largo, sabiendo que al final se trata de volverse fuerte, de reconocer el poder que todos tenemos dentro de nosotros, de usarlo para bien.

Y si cada vez que usas un idioma que aprendiste te acuerdas de todo esto, tengo muchas ganas de ver qué vas a crear para el mundo con ese poder.

writing chinese

Diseña tu propia rutina para estudiar idiomas

El otro día, un lector llamado Felipe me preguntó que si le podía recomendar alguna rutina de estudio diaria para el aprendizaje de idiomas.

¡Sí puedo! Y más que recomendar alguna rutina de estudio, lo que hago en esta entrada es enseñar a cualquier persona a diseñar su propia rutina de aprendizaje.

writing chinese

Sistemas

Para crear un plan de estudio lo primero que necesitas hacer es generar un sistema.

(Esto lo aprendí de Cairene, quien es una genio de los sistemas y la organización).

Existen 6 elementos de todos los sistemas funcionales:

POR QUÉ

QUIÉN

DÓNDE

QUÉ

CUÁNDO

CÓMO

Una vez que logras tener una respuesta para cada rubro, tendrás un sistema más o menos estructurado al que le podrás hacer arreglos.

Te daré solo una pequeña explicación de cada uno porque de lo contrario me estaría robando el trabajo de Cairene (y de todos modos ella lo explica mil veces mejor), pero estoy segura de que tener una idea es mejor que estar confundido por querer estudiar y no poderlo hacer por falta de claridad.

POR QUÉ

Este rubro es igual a lo que una vez escribí acerca de la intención:

¿Cuál es la razón por la que quieres estudiar, aprender y/o dominar esta lengua? ¿Por qué es realmente importante para ti?

Porque es un sueño que tengo, algo que siempre he querido hacer y sé que me va a hacer muy feliz. 

QUIÉN

Aquí debes preguntar a quién le ayuda que aprendas un idioma o quién te va a ayudar a lograrlo.

El que yo aprenda inglés le va a ayudar a mi hermanita porque le serviré como ejemplo. 

No puedo practicar yo solo, me aburro muchísimo si no interactúo con otras personas.

DÓNDE

Implica el lugar y las herramientas que necesitas.

En mi escritorio (que esté limpio y sin distracciones). (Quizá el primer paso sea tirar toda la basura que tengo en mi escritorio).

Necesito un esquema o plan que me permita ver mi progreso, necesito materiales de las cuatro habilidades, una libreta exclusiva del inglés, una pluma, audífonos, el cargador de mi celular…

QUÉ

Qué cosas necesitas hacer para “estudiar tu idioma” (los pasos).

Lo primero que tengo que hacer es comer porque con hambre no puedo aprender.

Después, sentarme en mi escritorio si se trata de practicar lectura o escritura (o de ir al instituto para practicar con mi amigo X).

Luego, ver el esquema-calendario para ver dónde me quedé el día anterior y poder continuar con mi progreso. 

Luego, decidir con qué habilidad voy a empezar en este tiempo, y elegir un material para practicar.

Comenzar y descansar a la mitad.

Anotar dónde me quedé para futuras referencias y otras notas sobre qué me gustó y qué no. 

Guardar mis materiales donde los encuentre rápido para la siguiente vez. 

Esto irá quedando más claro conforme sigas con el sistema y con su puesta en escena.

CUÁNDO

Implica preguntarte tres cosas:

¿Durante cuánto tiempo?

Media hora cada vez. 

¿Cada cuánto tiempo?

Todos los días de lunes a viernes. 

¿En qué momento?

De 8:30 a 9:00 pm porque a esa hora nadie me distrae y no tengo hambre porque ya terminé de cenar. 

CÓMO

Es aquí donde se encuentra la clave para todo esto, pues tienes que poner atención en cuatro aspectos de tu energía:

1. Tu cuerpo

¿Tienes energía física? ¿Cómo involucras a tus sentidos en esta actividad?

Justo ahora no tengo sueño ni me siento cansado, y estoy disfrutando la energía que me dio la comida. Me gusta mucho oler mi libro de ejercicios y me encanta ver los colores de las plumas con las que escribo. 

2. Tu mente

¿Te puedes concentrar? ¿Entiendes lo que lees?

Puedo concentrarme y aprender muy bien porque ya pasaron varias horas desde que hice un esfuerzo mental grande. 

3. Tus emociones

Cuando nos sentimos tristes o enojados, no podemos poner atención en lo que estamos haciendo. ¿Te emociona lo que estás haciendo, o te aburre, o te deprime?

Me frustra un poco no avanzar tan rápido pero me entusiasma mucho ver mi tabla de progreso, eso me ayuda a que mis emociones no sean negativas.

4. Tu alma

Cuando sentimos que nuestro aprendizaje de idiomás está “conectado” con algo más grande que nosotros (el Universo, la vida, el resto de las personas, Dios, la trascendencia, el planeta…), nuestra parte “espiritual” nos llena de energía para hacerlo.

Siento que cada vez que me siento a aprender inglés, mi comunidad y mi país son un poco mejores.

___

Si sientes que hay algo que está disminuyendo de cierta forma tu energía física, mental, emocional o espiritual, haz ajustes para arreglar eso. Por ejemplo, si intentas estudiar pero te distraes mucho porque estás cansado, intenta hacer algo distinto antes (como lavar los platos) para que tu mente descanse.

Poco a poco irá tomando forma tu sistema hasta que se sienta ahhh, adecuado.

Afinación

Mientras vayas creando el sistema verás que hay cosas que debes regresar a cambiar, y muchas ideas se te irán ocurriendo conforme lo escribas.

Cuando termines de hacer tu sistema, debes aplicarlo y ajustar los detalles sobre la marcha y a medida que vayas notando qué le falta (o sobra) en la práctica.

Cada vez que cambie algo en tu vida (tus horarios, tu nivel de energía, tu locación) deberás revisar el sistema para ver si se sigue adaptando y afinar lo que no.

Funciona

Cuando encontré esto de los sistemas mi vida cambió para siempre en el sentido de que dejé de echarme la culpa por no hacer las cosas que realmente quería (como meditar, o escuchar podcasts, o simplemente usar hilo dental a intervalos saludables).

Sí, tenía mucha resistencia y hasta flojera de hacer algunas cosas (difíciles o no tanto), pero lo que más afectaba era que no sabía dónde hacerlas, cuándo hacerlas o cómo hacerlas.

Ahora todo tiene sentido y procrastino mucho menos, me siento más relajada y aunque siga habiendo resistencia, ya sé por dónde empezar, lo cual es de gran ayuda.

Dale una oportunidad a los sistemas, aplícalos a tu aprendizaje de idiomas y a todo aquello que quieres o “debes” hacer y no puedes porque no encuentras el tiempo.

Y si te gusta este tipo de trabajo y, como yo, sientes que es mágico, maravilloso y no puedes creer no haber oído de él antes, échale un ojo a todas las guías de Third Hand Works. Te lo recomiendo más que ampliamente, sobre todo si te sientes desorganizado en tu día a día y sin esperanza al respecto.

En resumen, cuando tienes claro por qué, cómo, dónde, cuándo, quién y qué es lo que quieres hacer cuando dices que quieres “estudiar” o “aprender” un idioma, tendrás la claridad necesaria para realmente poner manos a la obra y hacer que deje de estar en el mundo de ilusiones del “algún día”.

Si creas un sistema y te funciona o te hace notar algo que no sabías acerca de tu relación con el aprendizaje de idiomas, no dudes en contármelo, me interesa mucho.

___

Foto de Suse H.

keyboard

Claves para entender qué es la traducción

Nota: Esta informativa entrada fue escrita por un invitado*. Recuerda que tú también puedes ser publicado. ¡Que la disfrutes!

La traducción es un mundo maravilloso que esconde un sinfín de secretos y que no deja indiferente a nadie. Y escribo sabiendo de lo que hablo, puesto que soy traductor desde hace varios años. Por ese motivo, me gustaría explicar algunas dudas que puedan surgir a cualquier persona que, aunque no se mueva en el mundo de la traducción, sí que sienta cierta interés por todo lo que lo rodea.

R0012587

Un traductor no es un diccionario

No, por muy bien que un traductor hable otro idioma no tiene por qué saber el significado de todas y cada una de las palabras que existen en esa lengua. Ni tampoco implica que sea bilingüe. Pero esto no quiere decir que no sea bueno en su profesión, ¡ni mucho menos!

La figura del traductor está especializada en comunicar y transmitir ideas de forma clara y natural. Si es capaz de conseguir este propósito y hacer llegar el mensaje en la lengua de destino, entonces ha logrado su objetivo.

Mejor traducir hacia la lengua materna

No es lo mismo traducir desde tu lengua materna que hacia ella. En mi caso, soy traductor nativo de español (o castellano) y, por muy bien que hable otras lenguas como el inglés o el francés, me considero mucho mejor preparado para transmitir esa información original en castellano.

Y no se trata de un caso aislado, sino bastante común. ¿Por qué? La naturalidad, los giros del lenguaje, los juegos de palabras, los mínimos detalles… la forma más efectiva de reflejar todas estas características innatas a un idioma solo las puede conseguir una persona nativa en la lengua de destino.

Ni un amigo que sepa idiomas, ni Google Translator

Salvo que quieras un lenguaje codificado, los programas de traducción automática no sirven. En realidad te van a hacer más lío. Te pueden dar una ligera idea de qué trata de el texto, eso sí, pero si quieres presentar la traducción (y que esta esté bien hecha), créeme que dedicarás más tiempo del que piensas a revisar y comparar su versión.

Asimismo, alguien que «solo» sepa idiomas no te garantiza una traducción de calidad. Pídele una traducción sobre un juicio o sobre el Fondo Monetario Internacional y ya verás la cara que se os queda a los dos.

En otras palabras:

Un traductor no es una máquina, por eso busca la naturalidad, y la formación y experiencia adquirida le permite lidiar con cualquier posible contratiempo y dificultad.

¿Traductor jurado?

Sí, traductor jurado, oficial, público, notarial… Según el país en el que te encuentres se llamará de una u otra forma, pero la figura siempre es la misma.

Un traductor jurado tiene la potestad necesaria y acreditada por el Estado para traducir ciertos documentos oficiales, como por ejemplo partidas de nacimiento, títulos universitarios, expedientes académicos, testamentos… Los documentos de los que se encarga un traductor jurado llevan su firma y sello oficial para darles el valor pertinente.

Si quieres pedir una beca, buscar trabajo, casarte en el extranjero, solicitar un visado, viajar a otro país con un justificante médico… probablemente necesites uno.

Grosso modo, estas son las principales preguntas que le pueden surgir a cualquier persona ajena pero interesada por el mundo de la traducción. Pero si tienes cualquier otra duda que inquiete tu curiosidad, tan solo tienes que hacerlo saber. Espero que a partir de ahora veas a un traductor con otros ojos.

___________

*Me llamo Rubén Sánchez y formo parte de Translation-Traducción, un proyecto que se dedica a los idiomas y a la traducción, tanto general como jurada. Tenemos un blog sobre curiosidades lingüísticas, anécdotas de doblaje, consejos para aprender inglés y francés, guías para hablar el español correcto… y mucho más.

__

Imagen de Svet Ivantchev

bubbles

¿No sabes cuál idioma aprender? Necesitas claridad

Si pudiera hacer que una sola idea le quedara clara a todas las personas que quisieran empezar a aprender otro idioma sería esta frase que Marie Forleo repite sin cansarse:

Clarity comes from engagement, not thought.”

Un hábito más o menos perjudicial que veo mucho en aquellos a quienes les comienza a hacer ruido la idea de aprender otro idioma es buscar opiniones en el exterior.

“Busqué en Internet acerca del ruso, y encontré que es muy difícil”

“Mi familia me dice que mejor aprenda inglés porque es el idioma que más me va a servir en el futuro”

“Quiero aprender mandarín, pero escuché que casi nadie puede aprender bien la escritura, entonces me desanimé”

bubbles

Tiene todo el sentido del mundo que queramos buscar información antes de tomar decisiones. Sobre todo si se trata de algo que tiene tantos mitos y fantasmas alrededor, como aprender otro idioma. Queremos que nos salga bien, no que sea un fracaso y una frustración o decepción.

Sin embargo, la única forma en la que vamos a saber si el ruso es difícil para nosotros o si no vamos a poder aprender bien la escritura china es aprendiendo ruso e intentando escribir el mandarín.

La gente varía. Quien escribió lo que leíste es diferente a ti. Quien dijo lo que escuchaste tiene una visión del mundo muy distinta a la tuya. Y aun si la dificultad de ciertas lenguas fuera objetivamente comprobable (no lo es del todo), hay un factor que estas personas que opinan están dejando de lado:

La pasión mueve montañas

Si comienzas a aprender hebreo y te empiezas a enamorar del hebreo y solo quieres hablar, pensar y comer en hebreo, ¿crees que te va a importar que sea complejo? Quizá terminas dominándolo sin entender exactamente de dónde surgió la idea de que era difícil.

Si lo odias, el hebreo va a convertirse en la lengua más difícil del mundo para ti.

Y es muy difícil saber si una lengua te va a gustar solo por verla “de lejos”. Tienes que empaparte de un idioma para saber si lo vas a amar.

Deja de buscar opiniones en Google, y deja de preguntarle a los demás.

La única respuesta válida y certera para ti va a venir de tu interior y de tu experiencia.

Por lo tanto, comienza a rodearte del idioma que te interesa, mantén una mente abierta (que pueda dejar de lado las opiniones externas que inevitablemente se han ido juntando) y empieza a construir tu propio criterio.

La claridad se obtiene haciendo, no pensando.

¿Alguna vez tu opinión sobre una lengua resultó ser totalmente distinta de lo que pensabas antes de aprenderla?

___

Foto de Evan Leeson