rebel yell

¿Tienes problemas con la autoridad?

Hasta cierto punto, yo sí. No sabía esto de mí sino hasta hace poco.

Un buen día me di cuenta de que no estaba cumpliendo las metas que yo misma me ponía (“¡Leer durante 2 horas al día! o incluso “¡Hacer algo divertido todas las mañanas!”) porque me estaba rebelando contra mí misma.

En el momento en el que siento una fuente de autoridad, aun si viene de adentro, me vuelvo rebelde y ya no quiero hacer nada.

Rawr.

Si en el fondo es realmente importante hacerlo, encuentro maneras de llevarlo a cabo; no es que sea del todo rebelde. No habría logrado muchas cosas que he hecho si fuera incapaz de actuar aun con esa incomodidad.

No digo que esto esté bien, ni que sea algo malo. Solo cuento lo que me pasa porque sé que a muchas personas les sucede lo mismo. 

Rebel yell

Lo que normalmente se intenta cuando esto ocurre es aumentar la cantidad de fuerza de voluntad sobre lo que se quiere o se siente que se debe hacer:

“Ok, no estoy cumpliendo la meta que me puse, pero seguramente si busco un premio de-li-cio-so para después de haber terminado lo que tenía que hacer, podré hacerlo”.

A lo que decimos:

sloth-no

Y si mejor… NO

Toma dos

“Ok, la idea de placer no me motiva tanto, pero seguramente si me presiono y me asusto a mí mismo con la idea de un castigo doloroso, lo voy a lograr”.

Y vuelve a fallar.

¿La razón?

Los premios y los castigos nos siguen trayendo recuerdos de fuentes de autoridad.

Y, como es lógico, más autoridad no quita nuestra rebeldía frente a ella, solo la acentúa, pues además trae junto con ella una sensación de fracaso y de que no somos lo suficientemente fuertes o valientes.

Lo cual no es cierto.

Remedios

Una solución podría ser entender la raíz de nuestra incomodidad frente a ese tipo de influencias.

En general tiene que ver con nuestra historia y con el sentir que alguien o algo más está ejerciendo mucho control sobre nuestras vidas, por lo que buscamos rebelarnos (de mil y un maneras) para sentir que tenemos de vuelta al menos un poco de ese control.

Pero siempre va a haber aspectos de esta cuestión a los que no podamos acceder tan fácilmente.

Por lo tanto, una mejor y más viable solución es encontrar una manera de motivarnos a nosotros mismos que no asociemos con una fuente de autoridad.

Es decir, animarnos a hacer las cosas como si fuéramos nuestros iguales, no nuestros [jefes / maestros / padres / gobiernos]. Un amigo, un hermano, cualquier persona que nos aprecia mucho.

Pasar de un

“tengo que hacer X, es mi obligación porque vino de un [poder superior]”

a decir:

“estoy decidiendo hacer esto—aun si no lo hubiera elegido yo de entre otras actividades—porque, a fin de cuentas, me importan las consecuencias de (no) llevarlo a cabo”.

Ser muy amable y partir de una especie de simpatía hacia uno mismo.

Es muy difícil, y vale la pena.

Muy probablemente esto no solucione el 100% de la aversión que uno sienta por todas las figuras de autoridad (reales o percibidas), pero estoy convencida de que el simple hecho de dejar de estar en guerra con uno mismo, al menos en este aspecto, ya es una gran ganancia.

A mí en lo personal, dejar de obligarme a hacer las cosas, incluso aquellas que son proyectos propios, me ha dado mucho espacio para ser capaz de disfrutar un poco más todo lo que hago:

si logro entender que—por decir algo—al no leer aun cuando me lo propuse no estoy fallando con un Deber ni cediendo frente a ninguna autoridad, no siento que estoy defraudando a nadie, ni fallando como persona, sino simplemente comprendo que lo que sucedió fue que decidí hacer otra cosa en lugar de leer.

Hay más libertad.

Ahora todo tiene sentido

Mucha gente no soporta estar en clases de idiomas por esta misma razón. No le gusta que le digan qué hacer ni cuándo hacerlo. Y está bien, no todo es para todos.

En ocasiones este mismo fenómeno hace que uno abandone su aprendizaje autodidacta. A veces es más importante sentir que uno puede decidir qué hacer con su tiempo en determinado momento que mantener un ritmo o una disciplina impuesta por su Yo del pasado.

Otra vez: no digo que esté mal, solamente lo hago notar porque es algo real.

Me gustaría que más gente hablara de esto, pues he visto que es muy común…

Tu turno

¿Tiendes a intentar motivarte a ti mismo con base en obligaciones, premios y castigos? ¿Crees que en algún momento tu interés por un idioma se vio afectado por tu relación con la autoridad?

Cuéntamelo todo en los comentarios.

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Foto de perrito rebelde de il_baro

warsaw

Polonia

Nota: Esta entrada fue escrita por una invitada*. Recuerda que tú también puedes ser publicado. ¡Que la disfrutes!

Nunca pensé que yo, una chica de Valencia (España) acostumbrada a vivir con sol y buen tiempo casi 365 días al año, acabaría viviendo por una temporada al este de Europa, donde el sol se ve poco y en contadas horas al día en los meses de invierno.

Pero así fue.

Tras concederme una Beca Erasmus Estudios (que es algo así como darle la oportunidad a los europeos de vivir en otro país del continente, y lo importante es la experiencia, lo de estudios es lo de menos) tuve que decidir cuál sería mi destino para los siguientes 9 meses.

Y mi decisión fue inmediata: Polonia.

warsaw

¿Por qué Polonia?

Aunque el este de Europa es menos atractivo para el turismo, ya que su percepción dista mucho de la que se tiene de ciudades como Londres, París, Roma, en realidad tiene poco que envidiarles.

Primero de todo, teniendo en cuenta que iba a vivir gracias a la asignación mensual de los estamentos públicos que financian la beca (que en total eran unos 300 y pocos euros al mes), ni en sueños podía plantearme vivir en las anteriores ciudades citadas.

Por lo que la primera razón para mi elección fue económica: Polonia es buen destino para conseguir gran calidad de vida con poco dinero. Y aunque en un principio se basó meramente en lo económico, al llegar allí supe rápidamente lo acertado de mi decisión.

Segundo, Polonia forma parte de la historia, no solo de Europa, sino también de la historia mundial. Muchos sucesos de la Segunda Guerra Mundial tuvieron lugar allí, por lo que visitarla es obligatorio para cualquiera que quiera aprender más sobre ese trágico suceso del siglo XX.

Tercero, en ella puedes encontrar TODO lo que quieras. Si te apetece fiesta, tienes fiesta los 7 días de la semana; si te apetece relax, tiene parajes naturales espectaculares; si quieres playa, al norte puedes encontrarte con el Mar Báltico…

Además, su posición geográfica la hace perfecta para poder viajar de forma fácil (y siempre barata) por todo el continente.

Y allí que me fui.

Culturalmente

Culturalmente fue una experiencia única e irrepetible.

Aparte de lo que ya supone salir de tu casa para vivir sola a más de 3000 kilómetros de distancia, hacerlo en un destino tan distinto a lo que conoces.

Climáticamente, Polonia consiste en temperaturas extremas, con nieve cada día y sin sol, lo que ya supone un reto vivir allí sin perder la cabeza.

Además, la cultura del este de Europa presenta muchas diferencias frente a la cultura española o latina en general. Los polacos son gente muy distante, que va del trabajo a casa y de casa al trabajo, cosa que con los españoles no va mucho, pero que empiezas a entender cuando alcanzas los 17°C bajo cero; pero a ti te da igual, pues como buen español, sales a la calle a la menor oportunidad.

Aprendes a convivir con gente de toda Europa (ingleses, turcos, rumanos…) lo que da pie a un intercambio cultural continuo: aprendes de ellos, aprendes palabras en sus idiomas (palabrotas principalmente, claro está) y por unos meses esa gente que probablemente no vas a volver a ver en tu vida se convierte en imprescindible en tu día a día, se convierte en tu familia polaca.

Inmersión lingüística diferente

Un nuevo reto se plantea (aparte de la distancia, el tiempo, los polacos…) con el idioma.

En una ciudad pequeña como lo fue mi destino, únicamente encontrabas gente que hablara inglés en la universidad. El resto solo se comunicaba en polaco. Y aunque intentaban hacerse entender en esa lengua, era imposible conseguir una comunicación eficaz.

Y es que el polaco es uno de los idiomas más difíciles de aprender para los hispanohablantes, debido principalmente a su vocabulario y fonética, tan distintos a los nuestros.

Así que con tu escaso nivel de inglés con el que aterrizas pretenden que entiendas el polaco… Cosa difícil.

Pero poco a poco vas aprendiendo. Primero te suena raro. Después, con el curso de polaco básico que te ofrece la universidad, empiezas a saber algunas palabras de uso diario, que en un principio solo te sirve para entender palabras sueltas en cualquier conversación entre polacos en el autobús, pero que después utilizas para dar los buenos días, las gracias o pedir dos cervezas en un bar (esperando que el interlocutor no siga con la conversación porque ahí estás perdido).

Inmersión lingüística en inglés

Llegas a Polonia con un nivel B1 de inglés (que en Europa corresponde a un nivel intermedio) que te sirve para el día a día (solo con la gente vinculada a la universidad) pero poco más.

Pues con ese nivel te metes en una clase de Business and Administration impartida completamente en inglés. Al principio se te hace imposible. Como si te hablaran polaco.

Pero poco a poco empiezas a perderle el miedo a hablar, empiezas a entender lo que te dicen casi como si te lo dijeran en tu propia lengua, empiezas a tener clases particulares con profesores a los que entiendes y a los que te haces entender. Y eso te da seguridad.

Saber idiomas te proporciona, bajo mi punto de vista, libertad, independencia, saber que puedes hacerte entender a cualquier persona en cualquier lugar del mundo.

Lo que más me ayudó a perder el miedo a hablar inglés, y de esta manera mejorar en este idioma, fue la interacción directa con profesores que dominaban a la perfección el idioma (muchos de ellos nativos ingleses que habían emigrado a Polonia), de forma particular y acorde a mi nivel.

Había intentado estudiar inglés antes, en España, mediante academias con clases en grupos, que no me ayudaron en casi nada, ya que no se adaptaban a mis necesidades. Por eso considero que las clases `OnetoOne´ con nativos son la mejor manera de avanzar en un idioma.

Porque lo más importante en un idioma es que sirva para comunicarse. No sirve de nada aprender de forma monótona y repetitiva la gramática o vocabulario de un idioma si luego no eres capaz de usarla en un contexto de vida real.

Y esto me aportó a mi la experiencia de estudiar en inglés. Aunque volví con el mismo nivel oficial B1, encontré la manera de poder expresarme de forma eficiente y real en ese idioma.

Por lo que vuelves a casa, nueve meses después, con algunos kilos de menos, extrañando la comida de tu madre, pero con la maleta llena de experiencias inolvidables, con un nivel de inglés muy superior al que te fuiste y, ¿por qué no decirlo?, con una base de polaco.

*Marta Almenar, licenciada en Business and Administration. He descubierto hace poco el mundo blogger y me ha fascinado poder compartir ideas y experiencias con gente de todo el mundo estando delante del ordenador. Me gusta la multiculturalidad y el estudio de idiomas me parece la mejor manera de llevarla a cabo, ya que saber idiomas te permite conocer multitud de gente y culturas.

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Foto de Varsovia, la capital de Polonia, de Ewelina

La historia de mi último proyecto

Desde diciembre del año pasado, he estado trabajando en un nuevo proyecto.

Un día se me ocurrió la idea, y empecé a escribir en torno a ella con el fin de expandirla, lo cual no me intrigó ni me sorprendió demasiado porque a lo largo de los últimos años he escrito el inicio de unos 23.84 proyectos que pierden mi interés después de unos días.

Sin embargo, esta vez fue diferente y el proyecto tomó vida propia.

Fui testigo de cómo iba encontrando tiempo para refinar las ideas que contenía, y aunque a veces me encontraba con obstáculos, contratiempos y voces críticas dentro de mi cabeza, seguía adelante, encontrándolo no solo interesante sino divertido y hasta emocionante.

Esto era inaudito.

Entonces seguí y seguí y seguí, llevando al proyecto hasta donde quería crecer, desarrollándolo hasta la forma que terminó por tomar, y escuchándolo cuando me decía que todavía no estaba listo para salir a la luz y cuando sí lo estuvo.

Muchas de las cosas que las voces críticas de mi cabeza decían iban (y van) más o menos así:

–¿Quieres hacer un proyecto así aunque este año vas a tener mucho menos tiempo del que has tenido en años anteriores?

Sí. Hay tiempo. Siempre hay tiempo.

–¿Estás segura de que no te preocupa lo que la gente va a pensar de ti? Es decir, tú escribes sobre idiomas, no sobre… eso.

Claro que me importa, pero no me siento con la autoridad moral de impedirle a este proyecto que nazca (pues, por lo visto, tiene vida propia).

–¿Y si es un rotundo fracaso y todo el mundo lo ignora y te pierden el respeto que, pensándolo bien, en primer lugar probablemente ni siquiera tienes?

Sería muy doloroso, pero 1) ya he pasado por eso y 2) siempre puedo verlo como un experimento que no funcionó, no como El Fracaso del Siglo. Además, no puedo controlar lo que la gente opine de mí. Lo he intentado, no funciona. 

Ese tipo de cosas.

Así, aunque mi primer instinto es de esconder lo que creé y dejar que mi vida siga como antes, sería absurdo porque, en primer lugar, no lo hice para mí, sino que su objetivo final es ser algo útil para la gente y, en segundo lugar, porque ponderar la posibilidad de no sacarlo a luz se siente como una traición nada insignificante.

Por lo tanto, he aquí el botón de mi nuevo proyecto:

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Mientras tú ves esa página yo voy a estar leyendo a Liz Gilbert y fingiendo que nunca me ha importado la opinión de otras personas :)

Y, dicho sea de paso, espero que puedas participar.

Va a estar genial.

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El Genio del idioma (Reseña)

Álex Grijelmo, El Genio del Idioma, Taurus, 2004, 257 pp.

Cuando leí el título de este libro por primera vez, de inmediato pensé en un genio que sale de una lámpara, un ifrit, un ser que cumple deseos con trampa, en fin, algún tipo de divinidad tutelar.

Y, en efecto, dentro de las páginas de este libro se revela a un ser como aquellos del mito, que tiene su temperamento y vive indefinidamente; siendo la única diferencia que no se le tiene confinado dentro de una lámpara, sino dentro del idioma, pues es el genio de la lengua español.

El genio de la lengua es el espíritu manifiesto de aquellas reglas casi tangibles sobre las cuales se ha formado el lenguaje español, pues pareciera que fueron establecidas por un alguien desde el momento en que el castellano se alejó del latín y comenzó a hacerse de una identidad propia.

Gracias a esta identidad, los hablantes podemos formar frases nuevas intuitivamente, añadir nuevos términos a la medida necesaria y explorar el acervo de nuestra lengua mientras él toma las decisiones definitivas de cesar o permitir los cambios al largo plazo.

Grijelmo nos ejemplifica los diversos métodos del genio, desde cómo trata a las palabras extranjeras (sean préstamos, calcos, adaptaciones o falsos amigos) de las que hacen uso los hablantes, hasta su modo discreto de adaptar términos a la nueva época electrónica (como cuando “colgamos” el teléfono aunque este sea portátil y no se ponga en la pared )

De la misma manera nos presenta las diversas cualidades del genio, pues este es analógico, ordenado, conservacionista, melancólico, sencillo y preciso, entre otras cosas; y todo lo anterior se antepone al comportamiento natural del idioma a través de los siglos y se condensa en el libro con acertadas analogías.

Un ejemplo del trato que se le da a las cualidades del genio es el siguiente, que habla de su conservacionismo:

“El espíritu conservacionista le llevó al genio a proteger las palabras propias, los árboles y los animalillos  con los que había crecido en su bosque. Por eso le molestan los extranjerismos a los que corresponde un equivalente al español: por que pisan las palabras autóctonas hasta secarlas. No sólo eso, sino que dejan sin agua también a algunas de los alrededores. Los extranjerismos tienen la puerta abierta si traen frutos nuevos. Habrán que acomodarse, eso sí, a las características de este bosque, usar el mismo riego y vivir de la misma savia.  De otro modo, sencillamente no le gustan,” (p. 98)

También nos presenta lo significativo que es el genio en quienes más influencia tienen en el idioma:

“No deja de tener importancia este hecho: fueron los analfabetos quienes crearon nuestra lengua, poseídos por el genio del idioma. Y todavía hoy, las clases menos cultivadas siguen teniendo una intuición formidable de la lengua que hablan, en la que sólo yerran cuando abandonan sus acervos léxicos para adentrarse en aquellos que le resultan ajenos. El genio sigue en ellos. Como ha escrito Eugenio Coseriu, lo que el hablante ingenuo piensa de su lengua es decisivo para su funcionamiento” (p. 55)

El atractivo de este libro radica en la flexibilidad con la que se ha realizado una analogía que cubre por completo los temas que se tratan, y esto no es algo que deba tomarse a la ligera, pues Grijelmo lo ha hecho de una manera satisfactoria y no titubea en abarcar la historia de nuestro lenguaje con su mitología.

Recorrer las páginas de este libro fue como unir los puntos que finalmente forman la silueta de un alguien quien pareciera estar presente en cada lenta resolución que se ha llevado a cabo en nuestro idioma, y sin duda nos hace notar lo extraño que es que no exista, en realidad, una sola entidad quien toma decisiones por nosotros y nuestro hablar.

Pero honestamente creo que será difícil el no pensar en que el genio está presente cuando las palabras caigan en desuso y nuevos vocablos emerjan al pasar de los años, pues este libro pinta una convincente imagen de un genio que está a cargo de la lengua.

Aun si la idea del genio te parece ridícula, te recomiendo que lo leas, pues su contenido no se diluye si dejamos aparte al genio; y es un sólido e intrigante título que te dejará pensando, quizá, en tus propias analogías.

 

Genaro Martínez

sunrise

Dos mil catorce en retrospectiva 3/3

Dividí el recuento del 2014 en tres partes: 1–abril, 2–agosto, y esta, 3–diciembre. 

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Los últimos meses del 2014 trajeron consigo una mezcla de emociones fuertes. Frustración, esperanza, enojo, ilusiones, incomodidad, perseverancia, resignación, tristeza y paz.

Veamos:

Algonquin

Septiembre – [Tiempo]

Por alguna razón que no logro entender, comencé este mes sintiéndome extremadamente dispersa. Quería hacer mil cosas al mismo tiempo, y como no sabía por dónde empezar, no hacía ninguna. Si alguna vez te ha pasado esto, seguramente recuerdas que es muy desagradable.

En un intento por tomar algo de orden, recordé que en algún momento me había ayudado a organizar—en parte—mi tiempo un libro de Laura Vanderkam llamado 168 Hours. Como no quería volver a leer ese, leí el de What The Most Successful People Do Before Breakfast

Tras leerlo y sin pensarlo mucho, decidí que en las mañanas, durante 30 minutos, leería o aprendería algo que no fuera una “obligación”, ni que tuviera nada que ver con… nada.

Fue maravilloso darme tiempo para seguir mis intereses. La primera media hora de la mañana puede determinar en gran medida la manera el “tono” del resto del día, sobre todo si haces algo que te gusta mucho. 

O al menos fue lo que yo aprendí sobre mí.

Al mismo tiempo, di un gran paso con respecto a los trámites de titulación y fui a pedirle a los lectores de mi tesis que lo fueran. No tienes idea de cuánto resistí esto. Era una pesadilla.

Pero lo hice después de todo y no fue tan malo como me imaginaba. Ahora solo tenía que esperar los 30 días “oficiales” para continuar con el papeleo y obtener mi tan ansiado título antes de fin de año.

Sí.

Claaaaro. 

Octubre – [Arrojo]

Como seguramente sabes, en mi país sucedieron cosas que simplemente no deberían ocurrir bajo ninguna circunstancia.

Esto me afectó sobremanera.

No estaba a gusto escribiendo aquí; me sentía egoísta por buscar titularme y al mismo tiempo solo quería que mi universidad permaneciera abierta para poder buscar a los profesores y pedirles que por favor leyeran mi tesis porque ya había pasado más de un mes.

Por otro lado, comencé otros trámites en otro lugar (quizá hable sobre esto en un futuro) y tuve que aprender a lidiar con otro sistema completamente distinto de burocracia y papeleo.

Justo cuando pensé que ya tenía práctica, me encontré con que a los mexicanos nunca se les agota el ingenio para inventar nuevos papeles que hay que entregar en original y dos copias.

Me enfermé de la garganta y del estómago como 3.59 veces (nada grave) y en general durante el mes estuve intentando no hundirme, celebrar mi cumpleaños alegremente, no querer tirar el progreso de los trámites por la borda y relajarme lo más que pudiera para no seguirme enfermando.

Fue uno de los meses más difíciles del mundo, en todos los sentidos. Tuve que ser muy valiente y muy resiliente.

A decir verdad, no hubiera podido hacerlo sola. Si no hubiera sido por las maravillosas integrantes de la 2° Liga y por las personas que me apoyaron de mil maneras pequeñas y no tanto, no sé qué sería de mí. Gracias. 

Noviembre – [Progreso]

Este mes estaba justo en medio de “Todavía puedo hacer mi examen profesional antes de que termine el semestre” y “Caso perdido, mejor me olvido de todo”.

Aunque avancé en algunos trámites, no fueron suficientes. No para mí, sino para El Objetivo.

Por otro lado, aunque no participé en NaNoWriMo este año, gracias al hábito que tenía de dedicarle media hora matutina a algo que me gustara hacer, escribí casi 50 páginas de un borrador de… algo. (¿Pista? No es una novela, y no es sobre idiomas).

Sigo sin saber qué voy a hacer con esas páginas; supongo que lo dejaré reposar para ver después de qué hablan todas esas palabras (juro que ya no lo recuerdo) y qué puedo retomar.

Aun si ese [libro] nunca sale a la luz, fue una gran experiencia para mí sentirme creativa, encontrar una estructura para escribir 2 páginas todos los días (a veces era más) y darme cuenta de que sé mucho más de lo que creo que sé.

Diciembre – [Liberación]

Una vez que sentí que había escrito todo lo que podía, mi hábito matutino se desvaneció.

Lo cual fue bueno, pues era necesario crear espacio para otro tipo de cosas. Me siento orgullosa por haber logrado no aferrarme al hábito y solamente dejarlo ir, confiando.

Al borde de la frustración, el hartazgo, el enojo y la tristeza, seguía esperando injustamente (desde mi punto de vista) a algunas personas sin las cuales no podía seguir mi trámite de titulación.

Llegó un momento en el que ya ni llorar era bueno, por lo que confié—al principio a regañadientes y poco a poco de mejor gana—en que todo pasa a su tiempo y en que si no me pude subir a ese autobús metafórico es porque no era mi autobús metafórico, como dice Havi:

That bus that just blew by without stopping for me was not my bus, even though I thought it was. I know that it isn’t, because I’m not on it.

That means that either another bus is my bus, or I am going to have a fabulous adventure walking, or something else is going to happen, but either way, this is not bad news. Everything is okay.

Todo está bien.

Diciembre fue un buen mes. Pude relajarme en las vacaciones, pasar tiempo con mi familia, disfrutar la comida, y liberarme del rencor + la negación de la realidad + la sensación de ser víctima que llevaba un buen rato sintiendo.

Gracias a eso comencé a abrirle paso a un nuevo proyecto súper útil que no puedo esperar para compartir contigo (¡muy pronto!) y a ir generando ideas para mi vida en general y este blog en particular.

2014

El inicio del 2014 se siente lejanísimo; los últimos 6 meses parece que fueron ayer.

En ese año me conocí a mí misma mucho más de lo que lo había hecho en los últimos años juntos, lo cual fue, en parte, como cuando se prende la luz en un cuarto muy oscuro y los ojos tardan en ajustarse. Pero fue bueno. Es algo muy importante para mí.

Por otro lado, sentí que se redujo en gran medida mi necesidad por controlar todo. Mi lista de planes por mes que hice al inicio del año fue totalmente ignorada por mi Yo de finales del 2014.

En lugar de sentirme culpable, empecé a sentirme libre. Creo que esto es algo bueno. Para 2015 ya no hay ninguna lista de planes, aunque estoy segura de que muchas oportunidades vendrán en 2015, pues ahora tengo los ojos que se necesitan para notarlas y tomarlas.

Quiero que sea un año de crear y contribuir más, de simplificar, de interactuar más con las personas y menos con mis fantasmas, de soltar mi necesidad de certeza, de permitir a mis intereses / proyectos evolucionar aunque no sepa en qué o cómo.

De dejar esperar que las cosas sean perfectas antes de “sacarlas”, de rodearme de belleza, de ser más vulnerable y de confiar más para preocuparme menos.

Será un honor para mí si me acompañas.

Gracias por leer.

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Foto de Shawn Burgess

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Cómo pedirle algo a un blogger

Esta entrada no tiene que ver con los idiomas. Sin embargo, he llegado a ese punto en el que no puedo no escribirla, y heme aquí.

Después de recibir decenas de correos que por su contenido me hacen recordar que no todo el mundo sabe algunas cosas que yo sí, he decidido compartir un par de nociones que merecen tener una mayor difusión.

Se trata de prácticas básicas de comunicación escrita que resultan de gran utilidad en el mundo del Internet. Muchas están basadas en el concepto de “usabilidad” o facilidad de uso, y de una de mis grandes obsesiones, el buen diseño.

Questions

(Show, don’t tell)

En lugar de intentar explicar, voy a mostrar aquello de lo que hablo.

El siguiente es un desafortunado correo que me llegó alguna vez, editado con lo mínimo indispensable para no exponer a quien lo envió. (Aunque, por lo que leerás, dudo mucho que se entere de que lo publiqué):

Estimado señor / Estimada señora,

Le escribo porque he creado un par de páginas de interés educativo que creo pueden ser de utilidad para sus lectores
[…]
Si así lo considera oportuno, la inclusión de cualquiera de los siguientes links -los que considere oportunos- en la sección “Enlaces” de su web. me será de gran ayuda para su difusión y para su continuidad en el futuro…

A simple vista, este correo no tiene nada de malo.

Si lo analizo un poco, lo primero de lo que me doy cuenta es que la persona que me lo envió no se ha tomado la molestia de aprender mi nombre (ni siquiera sabe si soy un “señor” o una “señora”).

Esto podría ser mi culpa en el caso de que mi nombre estuviera oculto en una página subterránea de mi blog, pero no es así: se encuentra a la vista.

Este es un gran fail porque la regla número uno de tratar con las personas es: hazlas sentir importantes. (No “finge que son importantes para obtener lo que quieres” sino “muéstrales cómo han sido realmente importantes para ti”).

Después, me ofrece los links a sus páginas y me pide que le ayude.

Regla número dos de las interacciones humanas:

Dime qué voy a ganar de dedicar mi tiempo / esfuerzo / atención en ti y lo que me estás solicitando. Yo a esto le llamo cariñosamente “el güifi”, del acrónimo inglés WIIFY? (what’s in it for you?, ¿qué ganas tú?).

Difíclmente alguien te va a regalar su tiempo, lo más valioso que tiene en el mundo, si eres un desconocido y si no ve que puede ganar algo a cambio.

Puntos extra si te interesas por conocerlo lo suficiente como para ofrecerle algo que realmente necesita o desea y si eres realmente capaz de cumplir la oferta que le haces.

En tercer lugar, si le vas a pedir que ponga un link en la sección de Enlaces de su “web”, tienes que ver su blog para darte cuenta de que 1) la autora nunca usa la palabra “web” y 2) no tiene una sección de “Enlaces”.

Usar las mismas palabras que la persona a la que le estás hablando genera rapport, una especie de conexión sutil que da a entender que sí la estás comprendiendo, que te importa. Esto no aplica solo en Internet; pon atención en tus interacciones cotidianas de hoy y lo verás.

Otra cosa (en la que es probable que yo me fije más que otras personas): que esté bien escrito.

No se trata de tener la mejor ortografía del mundo, sino de leer el correo al menos una vez antes de enviarlo.

De lo contrario, la sensación que queda es que a la persona en realidad no le importa lo que está pidiendo, y que no tiene respeto hacia el tiempo del receptor, quien se ve obligado a descifrar lo que le fue enviado.

La gente está ocupada, cada día más, y si no le entiende a tu correo en la primera o segunda línea, lo va a dejar de leer y lo borrará por siempre.

(Just telling is OK, too)

También me han llegado mensajes de personas que me escriben preguntándome si es posible enviarme un artículo. No es necesario haber leído las +150 entradas de Necesitas otra lengua para darse cuenta de que sí acepto artículos que cumplan ciertos criterios. Está a la vista.

Ese tipo de preguntas me dicen que la persona interesada ni siquiera ha leído mi blog y solo le interesa hacerse promoción, lo cual no estaría mal si no fuera porque, aunque suene cursi, no le sale del alma.

Asimismo, he recibido artículos de ese tipo en los que sus autores me escriben explícitamente que lo que quieren es que les ayude a que su blog / página tenga más difusión… y olvidan añadir tanto el nombre como la liga de su blog.

Omaigad…

Me ha tocado, igualmente, que parece que lo que escribieron fue creado por un robot.

Regla número uno de los blogs: muestra tu humanidad. Ten un nombre, una edad, una ocupación, algo interesante sobre ti. (Lo ideal sería una fotografía, pero entiendo que no todo mundo desea poner su cara en la red).

No uses palabras “domingueras”, escribe como si le estuvieras explicando algo a un amigo. Cuenta una historia o dos o tres. Haz que nos identifiquemos contigo. Dinos qué haces en tu tiempo libre y cómo se llama tu perro.

Todo lo anterior se resume en:

PONTE EN EL LUGAR DEL RECEPTOR

Piensa por un segundo, antes de hacer clic en “Enviar” qué podría pensar, necesitar o sentir la persona durante y después de leer ese borrador que acabas de hacer. Tú sabes lo que se siente recibir correos. Ponte en sus zapatos y deja que tu propia mente te dé las respuestas.

Si quieres llegar al Nivel 2, aplica lo que la gran Alex Franzen dice todo el tiempo: FEEL. KNOW. DO.

¿Qué quieres que el lector sienta?
¿Qué quieres que el lector sepa?
¿Qué quieres que el lector haga?

Yo, por ejemplo, con esta entrada quiero que el lector escriba su siguiente correo, hacia mí o hacia quien sea, de una manera más consciente y acertada.

Cómo pedirle cosas a un blogger

The reader is a friend, not an adversary, not a spectator.
–Jonathan Franzen

El siguiente correo, que estoy improvisando en este momento, es una muestra de cómo pienso yo que se deben pedir cosas. (Debo decir que, gracias a todos lo santos del cielo, también he recibido correos así. Es un verdadero placer leerlos y responderlos. Sigan así. Ustedes saben quiénes son.):

¡Hola, Fulanita!

Todos los días leo tu blog, aunque no publicas diario. Me fascina que en Internet haya cosas tan bien escritas como Necesitas otro blog, he aprendido mucho de él.

Te cuento que yo también tengo un blog, y me gustaría pedirte una entrevista para publicarlo en él. Aunque no tengo millones de lectores, estoy segura de que a una buena cantidad de ellos les encantaría suscribirse a tu feed.

Si estás de acuerdo escríbeme para ver los detalles, si no, no te preocupes, de cualquier manera te seguiré leyendo :)

Muchas gracias por tu atención, quedo a la espera de tu respuesta.

Un saludo,
Georgina

Seguramente notaste que, además de ser breve y directa, apliqué los detalles de los que hablé arriba:

Como viste, no estoy halagando a Fulanita solo para manipularla (eso se nota a leguas, créeme. No lo hagas, es desagradable.) En verdad estoy siendo sincera.

Le digo lo que podría ganar: ¡suscriptores nuevos! Y es algo que le podría cumplir sin problemas.

Le doy libertad: si te interesa, escríbeme, si no, no pierdes nada.

Un correo así…

Hace sentir: que se aprecia el trabajo y el tiempo de uno.

Hace saber: que hay una persona que quiere una entrevista para ser publicada en un blog. Nada más y nada menos.

Hace claro que se desea: una respuesta, que puede ser positiva o negativa.

Conclusión

Me siento frustrada y triste cada vez que veo un correo genérico (copiado y pegado en lugar de escrito humanamente), o cualquier otro tipo de texto que no tiene en cuenta a la persona que lo está leyendo.

Lejos de querer mostrarme como una experta en esto (no lo soy en lo absoluto), mi intención con esta entrada es compartir algunas pautas que yo he visto que funcionan en las comunicaciones con otros bloggers o con cualquier persona a la que se le pueda pedir algo por escrito.

Escribo esto, como dije, porque la experiencia me ha mostrado que existen personas que no lo dominan.

Por lo tanto, espero de todo corazón que si te identificaste en algo de lo de arriba no te sientas mal, pues no es lo que busco.

Solo trato de hacer evidente algo que yo veo y que quizá más personas puedan comenzar a notar.

Un saludo afectuoso,

Georgina

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Foto de Tim O’Brien