writing chinese

Diseña tu propia rutina para estudiar idiomas

El otro día, un lector llamado Felipe me preguntó que si le podía recomendar alguna rutina de estudio diaria para el aprendizaje de idiomas.

¡Sí puedo! Y más que recomendar alguna rutina de estudio, lo que hago en esta entrada es enseñar a cualquier persona a diseñar su propia rutina de aprendizaje.

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Sistemas

Para crear un plan de estudio lo primero que necesitas hacer es generar un sistema.

(Esto lo aprendí de Cairene, quien es una genio de los sistemas y la organización).

Existen 6 elementos de todos los sistemas funcionales:

POR QUÉ

QUIÉN

DÓNDE

QUÉ

CUÁNDO

CÓMO

Una vez que logras tener una respuesta para cada rubro, tendrás un sistema más o menos estructurado al que le podrás hacer arreglos.

Te daré solo una pequeña explicación de cada uno porque de lo contrario me estaría robando el trabajo de Cairene (y de todos modos ella lo explica mil veces mejor), pero estoy segura de que tener una idea es mejor que estar confundido por querer estudiar y no poderlo hacer por falta de claridad.

POR QUÉ

Este rubro es igual a lo que una vez escribí acerca de la intención:

¿Cuál es la razón por la que quieres estudiar, aprender y/o dominar esta lengua? ¿Por qué es realmente importante para ti?

Porque es un sueño que tengo, algo que siempre he querido hacer y sé que me va a hacer muy feliz. 

QUIÉN

Aquí debes preguntar a quién le ayuda que aprendas un idioma o quién te va a ayudar a lograrlo.

El que yo aprenda inglés le va a ayudar a mi hermanita porque le serviré como ejemplo. 

No puedo practicar yo solo, me aburro muchísimo si no interactúo con otras personas.

DÓNDE

Implica el lugar y las herramientas que necesitas.

En mi escritorio (que esté limpio y sin distracciones). (Quizá el primer paso sea tirar toda la basura que tengo en mi escritorio).

Necesito un esquema o plan que me permita ver mi progreso, necesito materiales de las cuatro habilidades, una libreta exclusiva del inglés, una pluma, audífonos, el cargador de mi celular…

QUÉ

Qué cosas necesitas hacer para “estudiar tu idioma” (los pasos).

Lo primero que tengo que hacer es comer porque con hambre no puedo aprender.

Después, sentarme en mi escritorio si se trata de practicar lectura o escritura (o de ir al instituto para practicar con mi amigo X).

Luego, ver el esquema-calendario para ver dónde me quedé el día anterior y poder continuar con mi progreso. 

Luego, decidir con qué habilidad voy a empezar en este tiempo, y elegir un material para practicar.

Comenzar y descansar a la mitad.

Anotar dónde me quedé para futuras referencias y otras notas sobre qué me gustó y qué no. 

Guardar mis materiales donde los encuentre rápido para la siguiente vez. 

Esto irá quedando más claro conforme sigas con el sistema y con su puesta en escena.

CUÁNDO

Implica preguntarte tres cosas:

¿Durante cuánto tiempo?

Media hora cada vez. 

¿Cada cuánto tiempo?

Todos los días de lunes a viernes. 

¿En qué momento?

De 8:30 a 9:00 pm porque a esa hora nadie me distrae y no tengo hambre porque ya terminé de cenar. 

CÓMO

Es aquí donde se encuentra la clave para todo esto, pues tienes que poner atención en cuatro aspectos de tu energía:

1. Tu cuerpo

¿Tienes energía física? ¿Cómo involucras a tus sentidos en esta actividad?

Justo ahora no tengo sueño ni me siento cansado, y estoy disfrutando la energía que me dio la comida. Me gusta mucho oler mi libro de ejercicios y me encanta ver los colores de las plumas con las que escribo. 

2. Tu mente

¿Te puedes concentrar? ¿Entiendes lo que lees?

Puedo concentrarme y aprender muy bien porque ya pasaron varias horas desde que hice un esfuerzo mental grande. 

3. Tus emociones

Cuando nos sentimos tristes o enojados, no podemos poner atención en lo que estamos haciendo. ¿Te emociona lo que estás haciendo, o te aburre, o te deprime?

Me frustra un poco no avanzar tan rápido pero me entusiasma mucho ver mi tabla de progreso, eso me ayuda a que mis emociones no sean negativas.

4. Tu alma

Cuando sentimos que nuestro aprendizaje de idiomás está “conectado” con algo más grande que nosotros (el Universo, la vida, el resto de las personas, Dios, la trascendencia, el planeta…), nuestra parte “espiritual” nos llena de energía para hacerlo.

Siento que cada vez que me siento a aprender inglés, mi comunidad y mi país son un poco mejores.

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Si sientes que hay algo que está disminuyendo de cierta forma tu energía física, mental, emocional o espiritual, haz ajustes para arreglar eso. Por ejemplo, si intentas estudiar pero te distraes mucho porque estás cansado, intenta hacer algo distinto antes (como lavar los platos) para que tu mente descanse.

Poco a poco irá tomando forma tu sistema hasta que se sienta ahhh, adecuado.

Afinación

Mientras vayas creando el sistema verás que hay cosas que debes regresar a cambiar, y muchas ideas se te irán ocurriendo conforme lo escribas.

Cuando termines de hacer tu sistema, debes aplicarlo y ajustar los detalles sobre la marcha y a medida que vayas notando qué le falta (o sobra) en la práctica.

Cada vez que cambie algo en tu vida (tus horarios, tu nivel de energía, tu locación) deberás revisar el sistema para ver si se sigue adaptando y afinar lo que no.

Funciona

Cuando encontré esto de los sistemas mi vida cambió para siempre en el sentido de que dejé de echarme la culpa por no hacer las cosas que realmente quería (como meditar, o escuchar podcasts, o simplemente usar hilo dental a intervalos saludables).

Sí, tenía mucha resistencia y hasta flojera de hacer algunas cosas (difíciles o no tanto), pero lo que más afectaba era que no sabía dónde hacerlas, cuándo hacerlas o cómo hacerlas.

Ahora todo tiene sentido y procrastino mucho menos, me siento más relajada y aunque siga habiendo resistencia, ya sé por dónde empezar, lo cual es de gran ayuda.

Dale una oportunidad a los sistemas, aplícalos a tu aprendizaje de idiomas y a todo aquello que quieres o “debes” hacer y no puedes porque no encuentras el tiempo.

Y si te gusta este tipo de trabajo y, como yo, sientes que es mágico, maravilloso y no puedes creer no haber oído de él antes, échale un ojo a todas las guías de Third Hand Works. Te lo recomiendo más que ampliamente, sobre todo si te sientes desorganizado en tu día a día y sin esperanza al respecto.

En resumen, cuando tienes claro por qué, cómo, dónde, cuándo, quién y qué es lo que quieres hacer cuando dices que quieres “estudiar” o “aprender” un idioma, tendrás la claridad necesaria para realmente poner manos a la obra y hacer que deje de estar en el mundo de ilusiones del “algún día”.

Si creas un sistema y te funciona o te hace notar algo que no sabías acerca de tu relación con el aprendizaje de idiomas, no dudes en contármelo, me interesa mucho.

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Foto de Suse H.

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Claves para entender qué es la traducción

Nota: Esta informativa entrada fue escrita por un invitado*. Recuerda que tú también puedes ser publicado. ¡Que la disfrutes!

La traducción es un mundo maravilloso que esconde un sinfín de secretos y que no deja indiferente a nadie. Y escribo sabiendo de lo que hablo, puesto que soy traductor desde hace varios años. Por ese motivo, me gustaría explicar algunas dudas que puedan surgir a cualquier persona que, aunque no se mueva en el mundo de la traducción, sí que sienta cierta interés por todo lo que lo rodea.

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Un traductor no es un diccionario

No, por muy bien que un traductor hable otro idioma no tiene por qué saber el significado de todas y cada una de las palabras que existen en esa lengua. Ni tampoco implica que sea bilingüe. Pero esto no quiere decir que no sea bueno en su profesión, ¡ni mucho menos!

La figura del traductor está especializada en comunicar y transmitir ideas de forma clara y natural. Si es capaz de conseguir este propósito y hacer llegar el mensaje en la lengua de destino, entonces ha logrado su objetivo.

Mejor traducir hacia la lengua materna

No es lo mismo traducir desde tu lengua materna que hacia ella. En mi caso, soy traductor nativo de español (o castellano) y, por muy bien que hable otras lenguas como el inglés o el francés, me considero mucho mejor preparado para transmitir esa información original en castellano.

Y no se trata de un caso aislado, sino bastante común. ¿Por qué? La naturalidad, los giros del lenguaje, los juegos de palabras, los mínimos detalles… la forma más efectiva de reflejar todas estas características innatas a un idioma solo las puede conseguir una persona nativa en la lengua de destino.

Ni un amigo que sepa idiomas, ni Google Translator

Salvo que quieras un lenguaje codificado, los programas de traducción automática no sirven. En realidad te van a hacer más lío. Te pueden dar una ligera idea de qué trata de el texto, eso sí, pero si quieres presentar la traducción (y que esta esté bien hecha), créeme que dedicarás más tiempo del que piensas a revisar y comparar su versión.

Asimismo, alguien que «solo» sepa idiomas no te garantiza una traducción de calidad. Pídele una traducción sobre un juicio o sobre el Fondo Monetario Internacional y ya verás la cara que se os queda a los dos.

En otras palabras:

Un traductor no es una máquina, por eso busca la naturalidad, y la formación y experiencia adquirida le permite lidiar con cualquier posible contratiempo y dificultad.

¿Traductor jurado?

Sí, traductor jurado, oficial, público, notarial… Según el país en el que te encuentres se llamará de una u otra forma, pero la figura siempre es la misma.

Un traductor jurado tiene la potestad necesaria y acreditada por el Estado para traducir ciertos documentos oficiales, como por ejemplo partidas de nacimiento, títulos universitarios, expedientes académicos, testamentos… Los documentos de los que se encarga un traductor jurado llevan su firma y sello oficial para darles el valor pertinente.

Si quieres pedir una beca, buscar trabajo, casarte en el extranjero, solicitar un visado, viajar a otro país con un justificante médico… probablemente necesites uno.

Grosso modo, estas son las principales preguntas que le pueden surgir a cualquier persona ajena pero interesada por el mundo de la traducción. Pero si tienes cualquier otra duda que inquiete tu curiosidad, tan solo tienes que hacerlo saber. Espero que a partir de ahora veas a un traductor con otros ojos.

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*Me llamo Rubén Sánchez y formo parte de Translation-Traducción, un proyecto que se dedica a los idiomas y a la traducción, tanto general como jurada. Tenemos un blog sobre curiosidades lingüísticas, anécdotas de doblaje, consejos para aprender inglés y francés, guías para hablar el español correcto… y mucho más.

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Imagen de Svet Ivantchev

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¿No sabes cuál idioma aprender? Necesitas claridad

Si pudiera hacer que una sola idea le quedara clara a todas las personas que quisieran empezar a aprender otro idioma sería esta frase que Marie Forleo repite sin cansarse:

Clarity comes from engagement, not thought.”

Un hábito más o menos perjudicial que veo mucho en aquellos a quienes les comienza a hacer ruido la idea de aprender otro idioma es buscar opiniones en el exterior.

“Busqué en Internet acerca del ruso, y encontré que es muy difícil”

“Mi familia me dice que mejor aprenda inglés porque es el idioma que más me va a servir en el futuro”

“Quiero aprender mandarín, pero escuché que casi nadie puede aprender bien la escritura, entonces me desanimé”

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Tiene todo el sentido del mundo que queramos buscar información antes de tomar decisiones. Sobre todo si se trata de algo que tiene tantos mitos y fantasmas alrededor, como aprender otro idioma. Queremos que nos salga bien, no que sea un fracaso y una frustración o decepción.

Sin embargo, la única forma en la que vamos a saber si el ruso es difícil para nosotros o si no vamos a poder aprender bien la escritura china es aprendiendo ruso e intentando escribir el mandarín.

La gente varía. Quien escribió lo que leíste es diferente a ti. Quien dijo lo que escuchaste tiene una visión del mundo muy distinta a la tuya. Y aun si la dificultad de ciertas lenguas fuera objetivamente comprobable (no lo es del todo), hay un factor que estas personas que opinan están dejando de lado:

La pasión mueve montañas

Si comienzas a aprender hebreo y te empiezas a enamorar del hebreo y solo quieres hablar, pensar y comer en hebreo, ¿crees que te va a importar que sea complejo? Quizá terminas dominándolo sin entender exactamente de dónde surgió la idea de que era difícil.

Si lo odias, el hebreo va a convertirse en la lengua más difícil del mundo para ti.

Y es muy difícil saber si una lengua te va a gustar solo por verla “de lejos”. Tienes que empaparte de un idioma para saber si lo vas a amar.

Deja de buscar opiniones en Google, y deja de preguntarle a los demás.

La única respuesta válida y certera para ti va a venir de tu interior y de tu experiencia.

Por lo tanto, comienza a rodearte del idioma que te interesa, mantén una mente abierta (que pueda dejar de lado las opiniones externas que inevitablemente se han ido juntando) y empieza a construir tu propio criterio.

La claridad se obtiene haciendo, no pensando.

¿Alguna vez tu opinión sobre una lengua resultó ser totalmente distinta de lo que pensabas antes de aprenderla?

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Foto de Evan Leeson

rebel yell

¿Tienes problemas con la autoridad?

Hasta cierto punto, yo sí. No sabía esto de mí sino hasta hace poco.

Un buen día me di cuenta de que no estaba cumpliendo las metas que yo misma me ponía (“¡Leer durante 2 horas al día! o incluso “¡Hacer algo divertido todas las mañanas!”) porque me estaba rebelando contra mí misma.

En el momento en el que siento una fuente de autoridad, aun si viene de adentro, me vuelvo rebelde y ya no quiero hacer nada.

Rawr.

Si en el fondo es realmente importante hacerlo, encuentro maneras de llevarlo a cabo; no es que sea del todo rebelde. No habría logrado muchas cosas que he hecho si fuera incapaz de actuar aun con esa incomodidad.

No digo que esto esté bien, ni que sea algo malo. Solo cuento lo que me pasa porque sé que a muchas personas les sucede lo mismo. 

Rebel yell

Lo que normalmente se intenta cuando esto ocurre es aumentar la cantidad de fuerza de voluntad sobre lo que se quiere o se siente que se debe hacer:

“Ok, no estoy cumpliendo la meta que me puse, pero seguramente si busco un premio de-li-cio-so para después de haber terminado lo que tenía que hacer, podré hacerlo”.

A lo que decimos:

sloth-no

Y si mejor… NO

Toma dos

“Ok, la idea de placer no me motiva tanto, pero seguramente si me presiono y me asusto a mí mismo con la idea de un castigo doloroso, lo voy a lograr”.

Y vuelve a fallar.

¿La razón?

Los premios y los castigos nos siguen trayendo recuerdos de fuentes de autoridad.

Y, como es lógico, más autoridad no quita nuestra rebeldía frente a ella, solo la acentúa, pues además trae junto con ella una sensación de fracaso y de que no somos lo suficientemente fuertes o valientes.

Lo cual no es cierto.

Remedios

Una solución podría ser entender la raíz de nuestra incomodidad frente a ese tipo de influencias.

En general tiene que ver con nuestra historia y con el sentir que alguien o algo más está ejerciendo mucho control sobre nuestras vidas, por lo que buscamos rebelarnos (de mil y un maneras) para sentir que tenemos de vuelta al menos un poco de ese control.

Pero siempre va a haber aspectos de esta cuestión a los que no podamos acceder tan fácilmente.

Por lo tanto, una mejor y más viable solución es encontrar una manera de motivarnos a nosotros mismos que no asociemos con una fuente de autoridad.

Es decir, animarnos a hacer las cosas como si fuéramos nuestros iguales, no nuestros [jefes / maestros / padres / gobiernos]. Un amigo, un hermano, cualquier persona que nos aprecia mucho.

Pasar de un

“tengo que hacer X, es mi obligación porque vino de un [poder superior]”

a decir:

“estoy decidiendo hacer esto—aun si no lo hubiera elegido yo de entre otras actividades—porque, a fin de cuentas, me importan las consecuencias de (no) llevarlo a cabo”.

Ser muy amable y partir de una especie de simpatía hacia uno mismo.

Es muy difícil, y vale la pena.

Muy probablemente esto no solucione el 100% de la aversión que uno sienta por todas las figuras de autoridad (reales o percibidas), pero estoy convencida de que el simple hecho de dejar de estar en guerra con uno mismo, al menos en este aspecto, ya es una gran ganancia.

A mí en lo personal, dejar de obligarme a hacer las cosas, incluso aquellas que son proyectos propios, me ha dado mucho espacio para ser capaz de disfrutar un poco más todo lo que hago:

si logro entender que—por decir algo—al no leer aun cuando me lo propuse no estoy fallando con un Deber ni cediendo frente a ninguna autoridad, no siento que estoy defraudando a nadie, ni fallando como persona, sino simplemente comprendo que lo que sucedió fue que decidí hacer otra cosa en lugar de leer.

Hay más libertad.

Ahora todo tiene sentido

Mucha gente no soporta estar en clases de idiomas por esta misma razón. No le gusta que le digan qué hacer ni cuándo hacerlo. Y está bien, no todo es para todos.

En ocasiones este mismo fenómeno hace que uno abandone su aprendizaje autodidacta. A veces es más importante sentir que uno puede decidir qué hacer con su tiempo en determinado momento que mantener un ritmo o una disciplina impuesta por su Yo del pasado.

Otra vez: no digo que esté mal, solamente lo hago notar porque es algo real.

(Actualización 09/mar/15): Gretchen Rubin hizo una clasificación de cuatro tendencias de cada persona frente a la manera en que responde a las expectativas internas y externas, una de las cuales es “El Rebelde”. Vale la pena leerlo.

Tu turno

¿Tiendes a intentar motivarte a ti mismo con base en obligaciones, premios y castigos? ¿Crees que en algún momento tu interés por un idioma se vio afectado por tu relación con la autoridad?

Cuéntamelo todo en los comentarios.

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Foto de perrito rebelde de il_baro

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Polonia

Nota: Esta entrada fue escrita por una invitada*. Recuerda que tú también puedes ser publicado. ¡Que la disfrutes!

Nunca pensé que yo, una chica de Valencia (España) acostumbrada a vivir con sol y buen tiempo casi 365 días al año, acabaría viviendo por una temporada al este de Europa, donde el sol se ve poco y en contadas horas al día en los meses de invierno.

Pero así fue.

Tras concederme una Beca Erasmus Estudios (que es algo así como darle la oportunidad a los europeos de vivir en otro país del continente, y lo importante es la experiencia, lo de estudios es lo de menos) tuve que decidir cuál sería mi destino para los siguientes 9 meses.

Y mi decisión fue inmediata: Polonia.

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¿Por qué Polonia?

Aunque el este de Europa es menos atractivo para el turismo, ya que su percepción dista mucho de la que se tiene de ciudades como Londres, París, Roma, en realidad tiene poco que envidiarles.

Primero de todo, teniendo en cuenta que iba a vivir gracias a la asignación mensual de los estamentos públicos que financian la beca (que en total eran unos 300 y pocos euros al mes), ni en sueños podía plantearme vivir en las anteriores ciudades citadas.

Por lo que la primera razón para mi elección fue económica: Polonia es buen destino para conseguir gran calidad de vida con poco dinero. Y aunque en un principio se basó meramente en lo económico, al llegar allí supe rápidamente lo acertado de mi decisión.

Segundo, Polonia forma parte de la historia, no solo de Europa, sino también de la historia mundial. Muchos sucesos de la Segunda Guerra Mundial tuvieron lugar allí, por lo que visitarla es obligatorio para cualquiera que quiera aprender más sobre ese trágico suceso del siglo XX.

Tercero, en ella puedes encontrar TODO lo que quieras. Si te apetece fiesta, tienes fiesta los 7 días de la semana; si te apetece relax, tiene parajes naturales espectaculares; si quieres playa, al norte puedes encontrarte con el Mar Báltico…

Además, su posición geográfica la hace perfecta para poder viajar de forma fácil (y siempre barata) por todo el continente.

Y allí que me fui.

Culturalmente

Culturalmente fue una experiencia única e irrepetible.

Aparte de lo que ya supone salir de tu casa para vivir sola a más de 3000 kilómetros de distancia, hacerlo en un destino tan distinto a lo que conoces.

Climáticamente, Polonia consiste en temperaturas extremas, con nieve cada día y sin sol, lo que ya supone un reto vivir allí sin perder la cabeza.

Además, la cultura del este de Europa presenta muchas diferencias frente a la cultura española o latina en general. Los polacos son gente muy distante, que va del trabajo a casa y de casa al trabajo, cosa que con los españoles no va mucho, pero que empiezas a entender cuando alcanzas los 17°C bajo cero; pero a ti te da igual, pues como buen español, sales a la calle a la menor oportunidad.

Aprendes a convivir con gente de toda Europa (ingleses, turcos, rumanos…) lo que da pie a un intercambio cultural continuo: aprendes de ellos, aprendes palabras en sus idiomas (palabrotas principalmente, claro está) y por unos meses esa gente que probablemente no vas a volver a ver en tu vida se convierte en imprescindible en tu día a día, se convierte en tu familia polaca.

Inmersión lingüística diferente

Un nuevo reto se plantea (aparte de la distancia, el tiempo, los polacos…) con el idioma.

En una ciudad pequeña como lo fue mi destino, únicamente encontrabas gente que hablara inglés en la universidad. El resto solo se comunicaba en polaco. Y aunque intentaban hacerse entender en esa lengua, era imposible conseguir una comunicación eficaz.

Y es que el polaco es uno de los idiomas más difíciles de aprender para los hispanohablantes, debido principalmente a su vocabulario y fonética, tan distintos a los nuestros.

Así que con tu escaso nivel de inglés con el que aterrizas pretenden que entiendas el polaco… Cosa difícil.

Pero poco a poco vas aprendiendo. Primero te suena raro. Después, con el curso de polaco básico que te ofrece la universidad, empiezas a saber algunas palabras de uso diario, que en un principio solo te sirve para entender palabras sueltas en cualquier conversación entre polacos en el autobús, pero que después utilizas para dar los buenos días, las gracias o pedir dos cervezas en un bar (esperando que el interlocutor no siga con la conversación porque ahí estás perdido).

Inmersión lingüística en inglés

Llegas a Polonia con un nivel B1 de inglés (que en Europa corresponde a un nivel intermedio) que te sirve para el día a día (solo con la gente vinculada a la universidad) pero poco más.

Pues con ese nivel te metes en una clase de Business and Administration impartida completamente en inglés. Al principio se te hace imposible. Como si te hablaran polaco.

Pero poco a poco empiezas a perderle el miedo a hablar, empiezas a entender lo que te dicen casi como si te lo dijeran en tu propia lengua, empiezas a tener clases particulares con profesores a los que entiendes y a los que te haces entender. Y eso te da seguridad.

Saber idiomas te proporciona, bajo mi punto de vista, libertad, independencia, saber que puedes hacerte entender a cualquier persona en cualquier lugar del mundo.

Lo que más me ayudó a perder el miedo a hablar inglés, y de esta manera mejorar en este idioma, fue la interacción directa con profesores que dominaban a la perfección el idioma (muchos de ellos nativos ingleses que habían emigrado a Polonia), de forma particular y acorde a mi nivel.

Había intentado estudiar inglés antes, en España, mediante academias con clases en grupos, que no me ayudaron en casi nada, ya que no se adaptaban a mis necesidades. Por eso considero que las clases `OnetoOne´ con nativos son la mejor manera de avanzar en un idioma.

Porque lo más importante en un idioma es que sirva para comunicarse. No sirve de nada aprender de forma monótona y repetitiva la gramática o vocabulario de un idioma si luego no eres capaz de usarla en un contexto de vida real.

Y esto me aportó a mi la experiencia de estudiar en inglés. Aunque volví con el mismo nivel oficial B1, encontré la manera de poder expresarme de forma eficiente y real en ese idioma.

Por lo que vuelves a casa, nueve meses después, con algunos kilos de menos, extrañando la comida de tu madre, pero con la maleta llena de experiencias inolvidables, con un nivel de inglés muy superior al que te fuiste y, ¿por qué no decirlo?, con una base de polaco.

*Marta Almenar, licenciada en Business and Administration. He descubierto hace poco el mundo blogger y me ha fascinado poder compartir ideas y experiencias con gente de todo el mundo estando delante del ordenador. Me gusta la multiculturalidad y el estudio de idiomas me parece la mejor manera de llevarla a cabo, ya que saber idiomas te permite conocer multitud de gente y culturas.

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Foto de Varsovia, la capital de Polonia, de Ewelina

La historia de mi último proyecto

Desde diciembre del año pasado, he estado trabajando en un nuevo proyecto.

Un día se me ocurrió la idea, y empecé a escribir en torno a ella con el fin de expandirla, lo cual no me intrigó ni me sorprendió demasiado porque a lo largo de los últimos años he escrito el inicio de unos 23.84 proyectos que pierden mi interés después de unos días.

Sin embargo, esta vez fue diferente y el proyecto tomó vida propia.

Fui testigo de cómo iba encontrando tiempo para refinar las ideas que contenía, y aunque a veces me encontraba con obstáculos, contratiempos y voces críticas dentro de mi cabeza, seguía adelante, encontrándolo no solo interesante sino divertido y hasta emocionante.

Esto era inaudito.

Entonces seguí y seguí y seguí, llevando al proyecto hasta donde quería crecer, desarrollándolo hasta la forma que terminó por tomar, y escuchándolo cuando me decía que todavía no estaba listo para salir a la luz y cuando sí lo estuvo.

Muchas de las cosas que las voces críticas de mi cabeza decían iban (y van) más o menos así:

–¿Quieres hacer un proyecto así aunque este año vas a tener mucho menos tiempo del que has tenido en años anteriores?

Sí. Hay tiempo. Siempre hay tiempo.

–¿Estás segura de que no te preocupa lo que la gente va a pensar de ti? Es decir, tú escribes sobre idiomas, no sobre… eso.

Claro que me importa, pero no me siento con la autoridad moral de impedirle a este proyecto que nazca (pues, por lo visto, tiene vida propia).

–¿Y si es un rotundo fracaso y todo el mundo lo ignora y te pierden el respeto que, pensándolo bien, en primer lugar probablemente ni siquiera tienes?

Sería muy doloroso, pero 1) ya he pasado por eso y 2) siempre puedo verlo como un experimento que no funcionó, no como El Fracaso del Siglo. Además, no puedo controlar lo que la gente opine de mí. Lo he intentado, no funciona. 

Ese tipo de cosas.

Así, aunque mi primer instinto es de esconder lo que creé y dejar que mi vida siga como antes, sería absurdo porque, en primer lugar, no lo hice para mí, sino que su objetivo final es ser algo útil para la gente y, en segundo lugar, porque ponderar la posibilidad de no sacarlo a luz se siente como una traición nada insignificante.

Por lo tanto, he aquí el botón de mi nuevo proyecto:

button

Mientras tú ves esa página yo voy a estar leyendo a Liz Gilbert y fingiendo que nunca me ha importado la opinión de otras personas :)

Y, dicho sea de paso, espero que puedas participar.

Va a estar genial.